miércoles, 29 de junio de 2016

65 ANIVERSARIO DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL DEL PAPA BENEDICTO XVI


Hoy, festividad de San Pedro y San Pablo, se celebra el 65 aniversario de la ordenación sacerdotal de nuestro Papa Emérito Benedicto XVI. Debido a la gran admiración y agradecimiento que siento hacia él, no podía pasar por alto esta significativa fecha sin dedicar un recuerdo a quien, habiendo renunciado al pontificado, sigue rezando desde el Monasterio Mater Ecclesiae por todos nosotros y por la marcha del mundo.
 
El joven Joseph Ratzinger junto a su hermano Georg durante la ceremonia de su ordenación sacerdotal, celebrada el 29 de junio de 1951.
 
Recordatorio de su Ordenación Sacerdotal.
 
Me gustaría mencionar la forma en que Benedicto XVI recordaba  ese día calificado por él mismo como "el más importante de mi vida" en su autobiografía:
 
"Mi hermano Georg y yo recibimos nuestra ordenación sacerdotal de manos del Cardenal Faulhaber en la fiesta de los santos Pedro y Pablo del año 1951. Éramos más de cuarenta candidatos; cuando fuimos llamados respondíamos "Adsum": "Aquí estoy". Era un espléndido día de verano que permanece inolvidable como el momento más importante de mi vida. No se debe ser supersticioso, pero en el momento en que el anciano arzobispo impuso sus manos sobre las mías, un pajarillo -tal vez una alondra- se elevó del altar mayor de la catedral y entonó un breve canto gozoso; para mí fue como si una voz de lo alto me dijese: "va bien así, estás en el camino justo".
 
 
El cardenal Michael von Faulhaber bendiciendo a Joseph Ratzinger durante su ordenación.
 
Con motivo de esta fecha, en la mañana de ayer, el Papa Francisco presidió una celebración junto al homenajeado y diversos Cardenales en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. Durante el homenaje, tanto el Santo Padre como diversos miembros de la curia pronunciaron varios discursos haciendo referencia al legado que Benedicto XVI nos ha dejado.

    
Su Santidad el Papa Francisco comenzó su discurso diciendo: "Hoy festejamos la historia de una llamada iniciada hace 65 años con su ordenación sacerdotal en la Catedral de Frisinga (Alemania) el 29 de junio de 1951...En una de las muchas páginas que usted dedica al sacerdocio, subraya como, en la hora de la llamada definitiva de Simón, Jesús, mirándolo, le pregunta solo una cosa ‘¿Me amas?’. ¡Qué hermoso es de verdad esto!”,  y concluyó su discurso con el siguiente deseo. “ Que Usted, Santidad, pueda continuar sintiendo la mano de Dios misericordioso que Le apoya, que pueda experimentar y testimoniarnos el amor de Dios; que con Pedro y Pablo, pueda continuar exultando de gran alegría mientras camina hacia la meta de la fe”.


 
 
 
Por su parte, el Papa Emérito improvisó las siguientes palabras:
 
"Querido Santo Padre, queridos hermanos:
 
Hace 65 años, un hermano ordenado conmigo decidió escribir sobre la estampa de recuerdo de la primera Misa solamente, salvo el nombre y la fecha, una palabra en griego: Eukaristomen, convencido de que con esta palabra en sus muchas dimensiones está ya dicho todo cuanto se puede decir en este momento.

Eukaristomen dice un gracias humano, gracias a todos. ¡Gracias sobre todo a Usted, Santo Padre! Su bondad, desde el primer día de la elección, en cada momento de mi vida me emociona, me lleva realmente, interiormente. Más que en los Jardines Vaticanos, con su belleza, su bondad es el lugar en el que habito: me siento protegido. Gracias también por la palabra de agradecimiento, por todo. Esperemos que Usted pueda ir adelante con todos nosotros en este camino de la misericordia divina mostrando el camino de Jesús, hacia Jesús, hacia Dios.

Gracias también a Usted, Eminencia (Cardenal Sodano) por Sus palabras que han tocado el corazón: Cor ad cor loquitur. Usted se ha hecho presente sea en mi ordenación sacerdotal sea también en mi visita en 2006 a Frisinga, donde he revivido esto. Puedo solo decir así, con estas palabras, Usted ha interpretado lo esencial de mi visión del sacerdocio, de mi labor. Le estoy agradecido  por la amistad que  ahora nos une desde hace tanto tiempo, de tejado a tejado (se refiere a sus habitaciones que se encuentran cerca): es casi presente y tangible.

Gracias Cardenal Müller por el trabajo que Usted hace y por la presentación de mis textos sobre el sacerdocio, en los cuales busco ayudar también a los hermanos a entrar siempre una y otra vez en el misterio en el que el Señor pone en nuestras manos.

Eukaristomen, se refiere no solo a las dimensiones del agradecimiento humano, sino naturalmente a la palabra más profunda que se esconde, que aparece en la liturgia, en la Escritura, en las palabras “gratias agens benedixit fregit deditque”. Eukaristomen nos dirige a esta realidad de agradecimiento, a esta nueva dimensión que Cristo ha dado. Él ha transformado en agradecimiento, y así en bendición, la cruz, el sufrimiento, todo el mal del mundo. Y así fundamentalmente ha transustanciado la vida y el mundo y nos da cada día el Pan de la verdadera vida, que supera el mundo gracias a la fuerza de Su amor.

Al final queremos insertarnos en este "gracias" del Señor y así recibir realmente la novedad de la vida y ayudar para la transustanciación del mundo: que sea un mundo no de muerte, sino de vida; un mundo en el que el amor ha vencido la muerte. Gracias a todos ustedes. El Señor nos bendiga a todos. Gracias Santo Padre."

Yo sólo puedo añadir un "Gracias Santidad y enhorabuena por estos 65 años de sacerdocio".


FOTOS:
Google
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lunes, 27 de junio de 2016

ORACION A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO


Foto: María Luz
 
 
¡Oh Santísima Virgen María, que para inspirarnos ilimitada confianza en Vos, quisisteis tomar el dulcísimo nombre de Madre del Perpetuo Socorro!
Yo os suplico me socorráis en todo tiempo y en todo lugar: en mis tentaciones, después de mis caídas, en mis dificultades, en todas las miserias de la vida y, sobre todo, en el trance de la muerte.
 
Concededme ¡oh amorosa Madre! el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a Vos;
porque estoy cierto de que, si soy fiel en invocaros, Vos seréis siempre fiel en socorrerme.
Alcanzadme, pues, esta gracia de las gracias, la gracia de acudir a Vos sin cesar con la confianza de un hijo, a fin de que por la virtud de mi súplica constante, obtenga vuestro perpetuo socorro y la perseverancia final.
 
Bendecidme ¡oh tierna y cuidadosa Madre! y rogad por mí ahora y en la hora de mi muerte.
Amén.
 
 
 

domingo, 26 de junio de 2016

ORACION POR ESPAÑA


 
¡Oh María Inmaculada, amada Patrona de España!
Velad por España, nación Mariana por excelencia, rogad por España;
salvad a España, que cuanto más culpable,
mayor necesidad tiene de vuestra poderosa intercesión.
Una súplica a vuestro Divino Hijo Jesús,
que reposa en vuestros virginales brazos, y España será salvada.
 
¡Oh Jesús, Corazón divino oculto en el Santísimo Sacramento,
tan amado por los españoles, por María su Patrona, salvad a España!
Porque extendió Tu nombre y el reinado de la Cruz por todo el mundo,
que vea palpablemente tu soberana protección,
y porque confía en Aquélla que aplastó la cabeza del infernal dragón,
que sean desbaratados sus perversos planes.
 
¡Oh Jesús Sacramentado! ¡Oh María Inmaculada!
Velad, velad por ella;
salvad a esta España tan vuestra de cuantos peligros
puedan amenazar su fe
y la paz y la tranquilidad del orden.
Amén.

ORACION AL ANGEL DE ESPAÑA


 
Ángel de España, tan olvidado y ultrajado,
a ti acudimos en estas horas cruciales.
Bendice a nuestra Nación e implora a Dios
para que guarde a España de tanto castigo y de las guerras.
Por tu intercesión pedimos perdón al Padre Eterno,
y ayuda para que España vuelva a ser Mariana
y que nos dé la Paz de Dios.
Amén.
 
Pater, Ave y Gloria

ORACION AL APOSTOL SANTIAGO


 
Glorioso Apóstol Santiago,
ilustre abogado de los cristianos,
en esta hora crucial en que vivimos,
necesitamos la mano amorosa de nuestro fundador.
No desoigas nuestras súplicas
e inclinad la cabeza hacia Nuestra Señora del Pilar,
para que ponga paz en España
y la dicha del amor en todos.
Amén.
 
Pater, Ave y Gloria.

sábado, 25 de junio de 2016

ACTO DE CONFIANZA EN DIOS

San Claudio de la Colombière
 Hoy he recibido un regalo en forma de oración, una auténtica maravilla, escrita por San Claudio de la Colombièrejesuita, santo francés que vivió en el siglo XVII, durante el reinado de Luis XIV, y director espiritual de Santa Margarita María Alacoque. De entre las diversas oraciones que escribió, la que comparto hoy se titula "ACTO DE CONFIANZA EN DIOS", título que describe bien su contenido y su sentido, y que refleja perfectamente la característica principal de su autor: su entrega a la voluntad divina sin límites y sin condiciones, y por tanto, su total desapego del mundo. ¡Cuántas veces hemos esperado sin resultado, cuántas veces hemos depositado nuestra confianza o nuestra esperanza en quien no debíamos, cuántas veces nos hemos volcado en lo terrenal! Nuestra naturaleza humana llena de fragilidad e imperfección nos lleva a equivocarnos y a desviarnos del camino recto y seguro. Y estos tiempos actuales son idóneos para apartarnos de lo único que importa: Dios mismo. Por ello, leamos atentamente la siguiente oración y depositemos toda nuestra confianza en Dios.
 
 
ACTO DE CONFIANZA EN DIOS
 
Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan, y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda todas las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú, ¡Oh Señor! y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.
 
Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.
 
Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.
 
A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperando en el Señor ha quedado frustrado en su confianza.
 
Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos, ¡oh Dios mío!, es de quien lo espero. En Ti esperé, Señor, y jamás seré confundido.
 
Bien conozco, ¡ah!, demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.
 
En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como pueda llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo, ¡oh Creador mío!, para el tiempo y para la eternidad. Amén.
 
La penitencia es una virtud que nos lleva a trabajar por eliminar de nuestra vida todo aquello que nos separa del amor de Dios y del amor al prójimo. No es un sentimiento, una experiencia emocional, sino más bien un acto de voluntad. Muchos confunden la penitencia exclusivamente con actos externos de expiación, sin embargo es toda una actitud interior.
 
 

lunes, 20 de junio de 2016

LA FE DE DON BLAS DE LEZO

Muchos se extrañarán al leer sobre Don Blas de Lezo en este blog espiritual, sin embargo, si lo traigo a este ámbito es porque creo firmemente que estamos necesitados de referentes, hoy más que nunca, y Don Blas es merecedor de ser recordado por ser un ejemplar español, lo que implica ser un buen católico.
 
Corren tiempos difíciles para nuestra nación, la católica España se ha diluido como un azucarillo en agua, y la gran mayoría de nuestros compatriotas desconocen nuestra Historia y no saben quién fue Blas de Lezo, y por tanto, poco pueden saber de sus grandes cualidades, entre las que destaca su profunda fe en Dios, como buen español y buen católico. Reconozco que Don Blas es uno de mis héroes favoritos, por no decir, el favorito con mayúsculas, y no hay un sólo día en que no le tenga presente.
 
Su historia sería larga de contar, no pretendo desentrañar todos los detalles de su vida, aunque resulta necesario contar, lo más resumidamente posible, las características del personaje para que el lector pueda hacerse una idea de su importancia. Espero sepan disculparme por traer a esta página a quien no es un hombre dedicado a la religión, pero creo que posee la suficiente importancia para ser una inspiración para cada uno de nosotros, sea cual sea el ámbito en el que nos desarrollamos y vivimos.
 
Retrato de Don Blas de Lezo como teniente general.
 
 Blas de Lezo y Olavarrieta, nació en 1689 en Pasajes, pueblo de la provincia de Guipúzcoa, por tanto vasco, y como buen vasco, buen español.  Don Blas pertenecía a una respetable familia del lugar, y era nieto de un gran marino, don Francisco de Lezo. Tal vez porque lo llevaba en la sangre, Blas se enroló en la marina a la temprana edad de 12 años. En plena guerra de Sucesión, que enfrentaba a Felipe de Anjou y al archiduque Carlos de Austria, el joven Blas, siendo un guardiamarina de tan sólo quince años, sufrió su primera gran herida de guerra: una bala de cañón le destrozó su pierna izquierda. Apretando sus dientes y agarrando con su mano derecha un Cristo de plata que su madre le había regalado para que lo llevara siempre consigo, y después de santiguarse, cerró los ojos y se prestó a la amputación de su pierna, necesaria para salvar su vida,  demostrando un valor inmenso al soportar el terrible dolor de semejante intervención en aquellos tiempos.  Debido al valor mostrado durante ese trance y también en el combate, fue ascendido a alférez, y se le ofreció un cargo en la Corte del rey Felipe V, pero Blas había nacido para ser marino y en sus venas corría la sangre valiente en la misma proporción que el agua de mar.
 
La pérdida de su pierna no fue el último infortunio del joven Blas. En aquella época de continuas batallas, poco después, siendo teniente de navío, la esquirla de otra bala de cañón se le incrustó en el ojo izquierdo, quedando sin vista en el mismo. Con tan sólo dieciocho años, además de mocho, era tuerto. Pero los infortunios iban siempre acompañados de ascensos en su carrera, pues nada parecía detener al joven Blas, que siempre demostraba el mayor arrojo en cualquier situación, por muy dura y difícil que fuera.
 
Cumplidos los veinticinco años, manteniendo intactos su coraje y sentido del deber, su antebrazo derecho fue atravesado por una bala de mosquete, rompiendo sus tendones y paralizándole el brazo del codo hacia abajo. La herida no le impidió seguir combatiendo. No importaban las heridas de combate, lo más importante para él era no perder la vida, ni el honor ni la gloria por la causa de España. Era consciente que sus heridas y las secuelas de las mismas valían más que todas las condecoraciones que colgaban de su pecho a tan joven edad.
 
Tras diversos destinos y muchas misiones coronadas por el éxito de nuestro marino, Don Blas es enviado al virreinato del Perú, con el objetivo de limpiar de piratas aquellas costas, cometido que ya había llevado a cabo en las Antillas. Siendo ya a sus treinta y cuatro años teniente general de la Armada española, será en Lima donde conozca a su futura esposa, Doña Josefa Pacheco de Bustos, hija de una acomodada familia criolla. Don Blas era consciente que su estado físico no era el más apto para conseguir un matrimonio, en el fondo de su corazón latía la idea de que ninguna dama le querría como esposo, pero la joven Josefa supo apreciar sus grandes virtudes, supo ver que tras sus heridas se escondía un alma grande y un verdadero caballero español, cuyo corazón también estaba intacto. Su matrimonio, que se celebró teniendo él 36 años y siendo ella una jovencita de 16,  y la llegada de su primer hijo (tuvieron siete en total) supusieron para él un gran orgullo, que le hicieron olvidar el desprecio con el que muchos hablaban de él llamándole "medio-hombre". A partir de entonces ya no sería medio-hombre sino hombre y medio. Don Blas fue siempre un buen esposo, buen padre, con un gran sentido familiar, siempre preocupado por el bienestar de los suyos.
 
Pero si por algo es conocido Blas de Lezo es por ser el heroico defensor de Cartagena de Indias en 1741, ciudad de gran importancia estratégica, y cuya conquista ambicionaban los ingleses para poder así herir de muerte al imperio español. Consciente de ello, Don Blas se empeñó en  mejorar  las defensas de la ciudad, cuyo estado impediría la victoria en caso de que los ingleses la invadieran. En esos intentos, Blas de Lezo chocaba frontalmente con gran parte del funcionariado español y con el virrey de la Nueva Granada, Sebastián de Eslava que nunca se mostraba de acuerdo con las ideas de nuestro valiente general.
 
Enfrentando una situación difícil, una inferioridad de medios abismal, Don Blas de Lezo, contando con la enemistad del Virrey, supo hacer gala de su valía personal y profesional, y haciendo uso de su ingenio, se dispuso a defender la ciudad hasta la muerte, si era preciso. La batalla y la defensa no fueron sencillas, los ingleses, creyendo que la ciudad ya estaba en sus manos debido a alguna exitosa incursión, se apresuraron a considerar suya la victoria, acuñando incluso unas monedas conmemorativas que pueden contemplarse en el Museo Naval de Madrid. Pero no contaban con alguien de la valía de Don Blas que consiguió la victoria, no por tener una fuerza superior sino por hacer uso de su habitual ingenio y por contar con una inquebrantable fe en Dios. Es aquí donde paso a destacar el que es uno de los principales rasgos de su persona: su gran religiosidad.
 
Durante los días del asedio, Don Blas no olvidaba sus deberes de buen cristiano, y siempre apelaba a la intervención divina en lo que para él era mucho más que la batalla para defender una ciudad, se trataba también de una lucha contra herejes. Su presencia en los oficios religiosos junto al resto de la población demostraba la importancia que para él tenía la fe y  hacía pasar por su mente la imagen de unas fuerzas británicas diabólicas a las que había que vencer a toda costa. Coincidiendo los días de Semana Santa, Don Blas participó junto al resto de autoridades los oficios de Jueves Santo. Todos a coro cantaron: "Oh, Redentor, acoge el canto de los que unidos te alaban. Escucha, juez de los muertos, única esperanza de los  mortales, la oración de los que llevan el don que promete la paz..." En la jornada de Viernes Santo, aprovechó para hacer su más grande rogativa y se hizo presente en la Catedral para escuchar el sermón de las siete palabras.

Don Blas fue siempre un hombre respetado y admirado por sus subordinados, a los cuales apoyó siempre, y a los que no dudaba en defender cuando la ocasión lo requería. Al mismo tiempo, poseía el don de hacer partícipes a los demás de sus ideales y creencias. La defensa de Cartagena de Indias convirtió a la ciudad en un hervidero de actividad, procediendo a la evacuación de mujeres, niños y personas de edad avanzada. Ante la difícil situación en la que se encontraban, sabiendo que los refuerzos esperados no llegarían, Don Blas de Lezo reunió a la marinería y les dijo:

"Soldados de España peninsular y de España americana: Habéis visto la ferocidad y el poder del enemigo; en esta hora amarga del Imperio nos aprestamos para dar la batalla definitiva y asegurar que el enemigo no pase. Las llaves del Imperio nos han sido confiadas por el Rey, nuestro Señor; habremos de devolverlas sin que las puertas de esta noble ciudad hayan sido violentadas por el malvado hereje. El destino del Imperio está en vuestras manos. Yo, por mi parte, me dispongo a entregarlo todo por la Patria cuyo destino está en juego; entregaré mi vida, si es necesario, para asegurarme que los enemigos de España no habrán de hollar su suelo, de que la Santa Religión a nosotros confiada por el Destino no habrá de sufrir menoscabo mientras me quede un aliento de vida. Yo espero y exijo, y estoy seguro que obtendré, el mismo comportamiento de vuestra parte. No podemos ser inferiores a nuestros antepasados, quienes también dieron su vida por la Religión, por España y por el Rey, ni someternos al escarnio de las generaciones futuras que verían en nosotros los traidores de todo cuanto es noble y sagrado. ¡Morid, entonces, para vivir con honra! ¡Vivid, entonces, para morir honrados! ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Cristo Jesús!"

Y así comenzó la lucha final por la defensa de la ciudad, cuando la victoria parecía imposible, el ingenio de don Blas, su sentido de la estrategia y su inquebrantable fe en Dios, trajeron la victoria. En cada jornada de lucha, los españoles, a mediodía hacían toque de oración, suspendiendo el fuego, procediendo al rezo del Ángelus...Los ingleses, en la distancia, contemplaban perplejos a los españoles, sin llegar a comprender del todo la escena. Tras el Ángelus, Don Blas rezó el salmo 69 ante toda la tropa arrodillada:

"Ven, Señor, en mi ayuda; apresúrate, Señor, a socorrerme. Queden corridos y afrentados los que atentan contra mi vida. Tornen atrás y queden afrentados, los que desean mi desgracia. Haz que se salven tus siervos que en ti esperan, Dios mío. Sé para nosotros, Señor, Torre inexpugnable. En cuanto a mí, pobre soy y necesitado; ayúdame, Dios mío. Tú eres mi ayuda y mi libertador; no te demores, Señor. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo...como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén"

Todo pareció, entonces, aliarse para la victoria española. Por un lado, las ideas de nuestro general, que ideó una larguísima y zigzagueante trinchera en forma de zeta, conectada con el foso en torno al castillo de San Felipe, evitando así su toma por los ingleses, que contaban con datos falsos, proporcionados por varios soldados españoles que actuaron como supuestos desertores siguiendo la orden de Don Blas. Por otra parte, los ingleses mermados por las enfermedades que se extendían debido a los cadáveres sin enterrar y a un sol de justicia que no podían soportar, comenzaron a fallar en sus fuerzas. Ante esto, nuestro héroe pensaría: "Gracias, Señor, por haber detenido el sol, que ahora los quema." Todo ello, unido a la terrible carga final por parte de los bravos españoles, hizo que los ingleses, finalmente, retrocedieran y huyeran despavoridos. Don Blas no tuvo dudas: la Providencia tenía muchas formas de ayudar a quienes la piden por causas justas.

Finalizada la contienda, estando ya la ciudad a salvo del enemigo, Don Blas rindió el parte de guerra al Virrey Eslava, cuadrándose ante él y diciendo: "Señor Virrey, hemos quedado libres de estos inconvenientes."  La frase demuestra el carácter estoico del general, que no se vanagloriaba en sus éxitos.  Tal como dejó plasmado en su diario: "Este feliz suceso no puede ser atribuido a causas humanas, sino a la misericordia de Dios."

Con motivo de la victoria se celebró un Te Deum, y las campanas de todas las iglesias de la ciudad se echaron al vuelo.

Exposición dedicada a Blas de Lezo en el Museo Naval de Madrid.
Foto: María Luz

Exvoto dedicado a la Virgen por la victoria de Cartagena de Indias 
 Anónimo, 1749
Museo Naval de Madrid.
Foto: María Luz

Don Blas de Lezo había consignado todos los detalles de la contienda en un diario para no perder detalle de todo lo vivido en aquellas jornadas. Pero de nada sirvió su diario ni la valía demostrada, pues el rencor del Virrey hacia él ganó la partida y dedicó todo su empeño en desprestigiar a nuestro héroe, no dudando en exigir al Rey su destitución. Cuando Don Blas se enteró  de la trama contra su persona, quedó abatido moralmente y sus esfuerzos por salvar su reputación fueron infructuosos. Fue el golpe de gracia que minó la salud ya quebrantada de nuestro héroe, lo que no consiguieron las batallas ni las heridas de guerra, lo consiguió la maldad humana. Se puede decir que Dios se apiadó de él, haciendo que muriese antes de conocer la orden de su destitución, ahorrándole así una humillación que no merecía. Murió sin ningún reconocimiento a su extraordinaria carrera. El desprestigio del que fue víctima junto a los numerosos salarios que se le debían, hicieron que su familia sufriera las consecuencias y que todavía hoy no sepamos a ciencia cierta el lugar donde reposan los restos de Don Blas. Hubo que esperar 20 años tras su muerte, ya en el reinado de Carlos III para que su memoria fuese rehabilitada, siéndole concedido a título póstumo el título de marqués de Ovieco en la persona de su hijo primogénito, reconociendo también todos sus méritos profesionales.

Monumento a Blas de Lezo en el castillo de San Felipe de Barajas.
Cartagena de Indias - Colombia

Hasta en su propio testamento, Don Blas destacó como hombre profundamente religioso. Si bien, la religiosidad era una característica propia en la sociedad del siglo XVIII, al comparar su testamento con otros de la época, apreciamos que Blas de Lezo escogió la fórmula más piadosa posible, transformándose, más que en un documento legal, en una verdadera profesión de fe:

"Creyendo como firme y verdaderamente creo el muy alto y soberano misterio de la Beatísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, el de la Encarnación de la segunda persona en las Virginales entrañas de la Purísima Virgen María, nuestra Señora, el del Santísimo Sacramento del Altar y todos los demás misterios y artículos que cree y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana en cuya creencia he vivido y quiero morir como católico y fiel cristiano, invocando como invoco por mi intercesora y Abogada a la siempre Virgen María Madre de nuestro redentor Jesucristo, al Santo Ángel de mi guarda, el de mi nombre y demás cortesanos celestiales para que intercedan con su divina Majestad el perdón de mis culpas y pecados y encaminen mi alma a estado de salvación."

Retrato de don Blas de Lezo, cedido para la exposición a él dedicada, en el Museo Naval de Madrid a finales del año 2013 e inicio del 2014.
Foto: María Luz

Han tenido que pasar siglos para que Don Blas de Lezo haya sido homenajeado como merecía en la capital de España, erigiéndose su monumento en la madrileña plaza de Colón, cuya inauguración fue presidida por S.M. el rey Juan Carlos I el día 15 de noviembre de 2014.








 


 
 Fotografías del monumento de Don Blas de Lezo que tuve ocasión de tomar el día de su inauguración.
 
Fotos: Maria Luz

 




 ...Don Blas, le debía este escrito desde hace mucho tiempo. Deseando que Dios le tenga en su Gloria, sirvan estas líneas como modesto homenaje a su persona y a todos los españoles que supieron hacer grande a nuestra patria a través de los siglos, dando lo mejor de sí mismos, y poniendo toda su fe y esperanza en Dios.
 
 
 

ADORO TE DEVOTE


Este es el título de un bellísimo himno eucarístico compuesto por Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII y que podemos disfrutar en el siguiente video, interpretado por las religiosas benedictinas francesas de la Abadía de Sainte-Madeleine de Barroux, perteneciente a la diócesis de Avignon. El mencionado himno se incluye junto a otras piezas musicales en el álbum grabado por las religiosas y titulado "In Paradisum-Les Soeurs". En el video pueden verse bellas imágenes de la abadía al tiempo que se disfruta de ese hermoso canto que, sin duda, es un buen alimento para el espíritu.
 
 
 
 
ADORO TE DEVOTE
 
Adóro te devóte, latens Déitas,
Quae sub his figúris vere látitas:
Tibi se cor meum totum súbiicit,
Quia te contémplans totum déficit.
Visus, tactus, gustus in te fállitur,
Sed audítu solo tuto créditur.
Credo, quidquid dixit Dei Fílius:
Nil hoc verbo Veritátis vérius.
In cruce latébat sola Déitas,
At hic latet simul et humánitas;
Ambo tamen credens atque cónfitens,
Peto quod petívit latro paénitens.
Plagas, sicut Thomas, non intúeor;
Deum tamen meum te confíteor.
Fac me tibi semper magis crédere,
In te spem habére, te dilígere.
O memoriále mortis Dómini!
Panis vivus, vitam práestans hómini!
Praesta meae menti de te vívere.
Et te illi semper dulce sápere.
Pie pellicáne, Iesu Dómine,
Me immúndum munda tuo sánguine.
Cuius una stilla salvum fácere
Totum mundum quit ab omni scélere.
Iesu, quem velátum nunc aspício,
Oro fiat illud quod tam sítio;
Ut te reveláta cernens fácie,
Visu sim beátus tuae glóriae. Amen.
 
TE ADORO CON DEVOCIÓN
 
Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto;
pero basta el oído para creer con firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad;
sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.
Amén.
 
 
Para más información sobre la Abadía:  www.barroux.org 

jueves, 16 de junio de 2016

ORACION ABRASADA

El título lo dice todo, esta oración escrita por San Luis María Grignion de Montfort, extensa y profunda en contenido, es puro fuego. Este santo francés, del cual ya escribí anteriormente, tiene el don de expresar con pasión y profundidad la auténtica devoción, hasta el punto que podríamos decir que existe un antes y un después de él.
 
San Luis María Grignion de Montfort en la Basílica de San Pedro.
 
Con su sentido profético, San Luis María percibe una desolación en el mundo, una gran persecución ante la cual, parece que Dios está cruzado de brazos, por ello implora la intervención divina para poner orden en el mundo. Prevé el surgimiento de una Congregación que renueve la Iglesia, y pide para ella, hombres totalmente divinos que sean verdaderos siervos de la Santísima Virgen.
 
Claramente, esta oración, escrita en el siglo XVIII, se torna actual ante la situación de la cual somos hoy testigos a lo largo y ancho del mundo. A través de sus palabras, el santo no implora nada para sí mismo, sino para mayor gloria de Dios. Hagamos nuestras estas palabras, y donde Nuestro Señor y por tanto nuestra fe católica sea ofendida, invoquemos la intervención divina, porque nuestra alma debe estar puesta en la mayor gloria de Dios, y hagámoslo con la misma pasión de la que San Luis María hace gala en todas sus oraciones.
 
ORACIÓN ABRASADA
 
Acordaos, Señor, de vuestra Congregación, que hicisteis vuestra desde toda la eternidad, pensando en ella en vuestra mente ab initio; que hicisteis vuestra en vuestras manos, cuando sacasteis el mundo de la nada, ab initio; que hicisteis vuestra en vuestro corazón, cuando vuestro querido Hijo, muriendo en la cruz, la regaba con su sangre y la consagraba por su muerte, confiándola a su Santa Madre.
 
Escuchad, Señor, los designios de vuestra misericordia; suscitad los hombres de vuestra derecha, tales como los habéis mostrado dando conocimiento profético de ello a algunos de vuestros mayores siervos: a un San Francisco de Paula, un San Vicente Ferrer, una Santa Catalina de Sena y a tantas otras grandes almas en el último siglo pasado, y aun en este en que vivimos.
 
 
INVOCACIÓN A DIOS PADRE
 
Dios Todopoderoso, acordaos de esta Compañía aplicando a ella todo el poder de vuestro brazo, que no está acortado; para sacarla de la luz y para llevarla a su perfección. Renueva los prodigios, repite los portentos, exalta tu mano, robustece tu brazo.
 
¡Oh Dios soberano, que de las piedras toscas podéis hacer otros tantos hijos de Abraham!; decid como Dios una sola palabra, para enviar buenos obreros a vuestra mies y buenos misioneros a vuestra Iglesia.
 
Dios de bondad, acordaos de vuestras antiguas misericordias, y por estas mismas misericordias, acordaos de esta Congregación; acordaos de las promesas reiteradas que nos habéis hecho por vuestros profetas y por vuestro mismo Hijo, de oírnos en nuestras justas peticiones. Acordaos de las plegarias que vuestros siervos y vuestras siervas os han hecho sobre este asunto desde hace tantos siglos: que sus votos, sus gemidos, sus lágrimas, la sangre por ellas derramada lleguen a vuestra presencia para solicitar poderosamente vuestra misericordia. Pero acordaos, sobre todo, de vuestro querido Hijo: No rechaces la faz de tu Ungido. Su agonía, su confusión y su llanto amoroso en el Huerto de los Olivos cuando dice: ¿Qué provecho encuentras en mi sangre?; su muerte cruel y su sangre derramada os gritan a voces misericordia, a fin de que por medio de esta Congregación sea establecido su imperio sobre las ruinas del de sus enemigos.
 
Acordaos, Señor, de esta Comunidad en los efectos de vuestra justicia. Es hora de que actúes, Señor, han quebrantado tu voluntad. Es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Vuestra divina Ley es quebrantada; vuestro Evangelio abandonado; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos, Toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo. ¿Lo dejaréis abandonado así todo, Señor justo, Dios de las venganzas? ¿Vendrá todo, al fin a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Callaréis siempre? ¿Aguantaréis siempre? ¿No es menester que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse a la verdad los judíos? ¿No es esto lo que espera vuestra Iglesia? ¿No os piden a gritos todos los santos del cielo justicia?: Hazme justicia. ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Amen, ven, Señor? Las criaturas todas, aun las más insensibles, gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden vuestra venida para restaurar todas las cosas. La creación entera está gimiendo.
 
INVOCACION A DIOS HIJO
 
Señor Jesús, acordaos de dar a vuestra madre una nueva Compañía, para renovar por ella todas las cosas y para acabar por María los años de la gracia, como los habéis comenzado por ella. Dad hijos y siervos a vuestra Madre; si no, yo muero. Es por vuestra Madre por la que yo os lo pido. Acordaos de sus entrañas y de sus pechos, y no me rechacéis; acordaos de que sois su Hijo y escuchadme; acordaos de lo que Ella es para Vos y de lo que Vos sois para Ella, y cumplid mis deseos. ¿Qué es lo que os pido? Nada en mi favor, todo para vuestra gloria. ¿Qué es lo que os pido? Lo que Vos podéis, y aun, me atrevo a decirlo, lo que debéis concederme, como Dios verdadero que sois, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y como el mejor de todo los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre.
 
¿Qué es lo que os pido?:
 
Hombres libres...
 
-Sacerdotes libres con vuestra libertad, descarnados de todo, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin hermanas, sin parientes según la carne, sin amigos según el mundo, sin bienes, sin estorbos, sin cuidados y aun sin voluntad propia. 
 
-Esclavos de vuestro amor y de vuestra voluntad, hombres según vuestro corazón, que, sin voluntad propia que los manche y los detenga, cumplan todas vuestras voluntades y arrollen a todos vuestros enemigos, como otros tantos nuevos Davides, con el báculo de la cruz y la honda del Santo Rosario en las manos.
 
-Nubes elevadas de la tierra y llenas de rocío celeste, que sin impedimento vuelan por todas partes según el soplo del Espíritu Santo. Son ellos, en parte los que conocieron vuestros profetas cuando preguntaban: ¿Quiénes son estos que vuelan como las nubes? Caminaban de frente, avanzaban a favor del viento del espíritu.
 
Hombres siempre a vuestra mano. Prontos siempre a obedeceros, a la voz de sus superiores, como Samuel: Heme aquí, prestos siempre a correr y a sufrirlo todo con Vos y por Vos, como los Apóstoles: Vamos también nosotros y muramos con él.
 
-Verdaderos hijos de María, vuestra Santa Madre, engendrados y concebidos por su caridad, llevados en su seno, pegados a sus pechos, alimentados con su leche, educados por sus cuidados, sostenidos por su brazos, y enriquecidos de sus gracias.
 
-Verdaderos siervos de la Virgen Santísima, que, como otros tantos Domingos, vayan por todas partes con la antorcha brillante y ardiente del Santo Evangelio en la boca y el Santo Rosario en la mano, a ladras como perros, abrasar como el fuego y alumbrar las tinieblas del mundo como soles; y que por medio de la verdadera devoción a María, es decir, interior sin hipocresía, exterior sin crítica, prudente sin ignorancia, constante sin liviandad y santa sin presunción, aplasten, por dondequiera que fueren, la cabeza de la antigua serpiente para que la maldición que Vos le echasteis se cumpla enteramente: Estableceré  hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza.
 
Verdad es, Dios soberano, que el demonio pondrá, como Vos lo habéis predicho, grandes asechanzas al carcañal de esta mujer misteriosa, es decir, a esta pequeña Compañía de sus hijos, que vendrán hacia el fin del mundo, y que habrá grandes enemistades entre esta bienaventurada descendencia de María y la raza maldita de Satanás; pero es una enemistad totalmente divina, la única de que Vos sois el autor: Estableceré hostilidades. Pero estos combates y estas persecuciones, que los hijos de la raza de Belial desencadenarán contra la raza de vuestra Santa Madre, sólo servirán para hacer brillar más el poder de vuestra gracia, la valentía de su virtud y la autoridad de vuestra Madre puesto que Vos, desde el principio del mundo, le habéis dado el encargo de aplastar a este orgulloso, por la humildad de su corazón y de su planta: Ella te herirá en la cabeza.
 
Si no, yo muero. ¿No me está a mí mejor morir que veros, Dios mío, todos los días tan cruel y tan impunemente ofendido, que hallarme todos los días más y más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo? Mil muertes me serían más tolerables. O enviad socorros desde el cielo o llevaos mi alma. Si no tuviera la esperanza de que oiréis pronto o tarde, a este pobre pecador en interés de vuestra gloria, como habéis oído a tantos otros, si el afligido invoca al Señor; Él lo escucha, pediría absolutamente con un profeta: Llévate mi alma. Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me hace decir con otro profeta: No moriré, sino viviré y contaré las obras del Señor, hasta que con Simeón pueda decir: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto vuestra salvación.
 
INVOCACION AL ESPIRITU SANTO
 
Espirítu Santo, acordaos de producir y formar hijos de Dios, con vuestra divina y fiel Esposa María. Vos formasteis la cabeza de los predestinados con Ella y en Ella; con Ella y en Ella debéis formar todos sus miembros. Vos no engendráis ninguna persona divina en la Divinidad; pero sois, Vos solo, quien formáis fuera de la Divinidad todas las personas divinas; y todos los santos que han sido y serán hasta el fin del mundo son otras tantas obras de vuestro amor unido a María. El reino especial de Dios Padre duró hasta el diluvio y terminó un diluvio de agua; el reino de Jesucristo terminó por un diluvio de sangre; pero vuestro reino, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa actualmente y se terminará por un diluvio de fuego, de amor y justicia.
 
¿Cuándo vendrá este diluvio de fuego, de puro amor, que Vos debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente, que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los mismos judíos se abrasarán en él y se convertirán? Sin que nada se sustraiga a su calor. ¡Ojalá estuviera ardiendo! Que este divino fuego que Jesucristo vino a traer a la tierra se encienda, antes que Vos encendáis el de vuestra cólera, que reducirá toda la tierra a cenizas. Envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra. Enviad este espíritu, todo de fuego, sobre la tierra, para crear en ella sacerdotes todo fuego, por ministerio de los cuales la faz de la tierra sea renovada y vuestra Iglesia reformada.
 
Acuérdate de tu Congregación: es una Congregación, una asamblea, una selección, un apartado de predestinados, que Vos debéis hacer en el mundo y del mundo: Yo os he elegido del mundo. Es un rebaño de corderos pacíficos que Vos debéis reunir en medio de tantos lobos; una compañía de castas palomas y de águilas reales en medio de tantos cuervos; un enjambre de abejas en medio de tantas avispas; una manada de ciervos ágiles entre tantas tortugas; un escuadrón de leones destemidos en medio de tantas liebres tímidas. ¡Oh Señor!: Congréganos de entre las naciones. Congréganos, únenos para que se dé toda la gloria a vuestro nombre santo y poderoso.
 
LA COMPAÑIA DE MARIA
 
Vos predijisteis esta ilustre Compañía a vuestro profeta, que habla de ella en términos muy oscuros y misteriosos, pero totalmente divinos:
 
"Hiciste caer una lluvia generosa, para reanimar a los tuyos redimidos. Y tus familiares hallaron reposo, en el lugar que tu bondad les preparó. El Señor da a los mensajeros la noticia: Dios dispersó un inmenso ejército. Huyen reyes, huyen con sus tropas; una mujer en su carpa reparte el botín: alas de paloma cubiertas de plata y de oro en su plumaje. Mientras el Todopoderoso vencía a los reyes, caían nieves sobre el Salmón. Montes de Dios, montes de Basán, altos y encumbrados, montes escarpados, montes de Basán. ¿Por qué miran celosos al monte que Dios quiso habitar, en que el Señor habita para siempre?"
 
¿Cuál es, Señor, esa lluvia voluntaria que Vos habéis preparado y escogido para vuestra heredad enferma sino estos santos misioneros, hijos de María vuestra Esposa, que Vos debéis reunir y separar del pueblo, para bien de vuestra Iglesia, tan debilitada y manchada por los crímenes de sus hijos?
 
¿Quiénes son estos animales y esos pobres que morarán en vuestra heredad, y que serán alimentados en ella con la dulzura divina que Vos les habéis preparado, sino estos pobres misioneros abandonados a la providencia que rebosará de vuestras delicias más divinas, sino los animales misteriosos de Ezequiel, que tendrán la humanidad el hombre por su cridad desinteresada y bienhechora para con el prójimo; la valentía del león por su santa cólera y su celo ardiente y prudente contra los demonios, hijos de Babilonia; la fuerza del buey por sus trabajos apostólicos y su mortificación contra la carne, y, en fin, la agilidad del águila por su contemplación en Dios? Tales serán los misioneros que Vos queréis enviar a vuestra Iglesia. Tendrán ojos de hombre para con el prójimo, ojos de león contra vuestros enemigos, ojos de buey contra sí mismos y ojos de águila para Vos. Estos imitadores de los Apóstoles predicarán con gran poder, con mucho valor. Con gran fuerza y virtud, tan grande y tan resplandeciente, que removerán las almas y los corazones de los lugares en que prediquen. A ellos es a quienes daréis vuestras palabras: daré la palabra; vuestra misma boca y vuestra sabiduría. Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrán hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro, a la que ninguno de sus enemigos podrá resistir.
 
Entre estos vuestros amados será donde Vos, en calidad de Rey de las virtudes, de Jesucristo el bien amado, tendréis vuestras complacencias, puesto que ellos en todas sus misiones no tendrán más fin que el daros toda la gloria de los despojos que arrebatarán a sus enemigos: Los reyes de los ejércitos van huyendo, las mujeres reparten el botín.
 
Por su abandono en manos de la Providencia  y su devoción a María, tendrán las alas plateadas de la paloma, es decir, la pureza de la doctrina y de las costumbres. Y su espalda dorada, es decir, una perfecta caridad con el prójimo para soportar sus defectos y un gran amor para con Jesucristo para llevar su cruz.
 
Vos solo, como Rey de los cielos y Rey de los reyes, separaréis de entre el pueblo estos misioneros como otros tantos reyes para tornarlos más blancos que la nieve sobre el monte Selmón, monte de Dios, monte abundante y fértil, monte fuerte y cuajado, monte en el que habita y habitará hasta el fin.
 
¿Quién es, Señor, Dios de verdad, este misterioso monte, del que nos decís tantas maravillas, sino María, vuestra querida Esposa, cuyos cimientos habéis puesto Vos sobre las cimas de los más altos montes? Él ha cimentado sobre el monte santo. Monte en la cima de los montes.
 
Dichosos y mil veces dichosos los sacerdotes que Vos habéis tan bien escogido y predestinado para morar con Vos en esta abundante montaña, a fin de que lleguen a ser los reyes de la eternidad, por el desprecio de la tierra y su elevación en Dios; a fin de que se tornen más blancos que la nieve por su unión con María, vuestra Esposa, toda hermosa, toda pura y toda inmaculada; a fin de que se enriquezcan del rocío del cielo y de la grosura de la tierra, de todas las bendiciones temporales y eternas de que María está llena.
 
Desde lo más alto de esta montaña es desde donde, como otros Moisés, lanzarán por sus ardientes plegarias dardos contra sus enemigos para abatirlos o convertirlos. En esta montaña será donde aprendan de la boca misma de Jesucristo, que en ella mora siempre, la inteligencia de sus ocho bienaventuranzas. En esta montaña de Dios será donde sean transfigurados con Él sobre el Tabor; donde mueran con Él, como en el Calvario, y de donde suban al cielo con Él, como desde el monte de los Olivos.
 
Acuérdate de tu Congregación. A vos solo es a quien toca el formar, por vuestra gracia, esta Congregación; si el hombre pone en ello el primero la mano, nada se hará; si mezcla de lo suyo con Vos, lo echará a perder todo, lo trastornará todo. Es vuestra obra, Dios soberano: haced vuestra obra, totalmente divina; juntad, llamad, reunid de todos los términos de vuestro dominio a vuestros elegidos, para hacer con ellos un cuerpo de ejército contra vuestros enemigos.
 
LLAMAMIENTO FINAL
 
Ved, Señor, Dios de los ejércitos, los capitanes que forman compañías completas; los potentados que levantan ejércitos numerosos; los navegantes que arman flotas enteras; los mercaderes que se reúnen en gran número en los mercados y en las ferias. ¡Qué de ladrones, de impíos, de borrachos y de libertinos se unen en tropel contra Vos todos los días, y tan fácil y prontamente! Un silbido, un toque de tambor, una espada embotada que se muestre, una rama seca de laurel que se prometa, un pedazo de tierra roja o blanca que se ofrezca; en tres palabras, un humo de honra, un interés de nada, un miserable placer de bestias que esté a la vista reúne al momento ladrones, agrupa soldados, junta batallones, congrega mercaderes, llena las casas y los mercados y cubre la tierra y el mar de muchedumbre innumerable de réprobos, que, aun divididos los unos de los otros por la distancia de los lugares o por la diferencia de los humores o de su propio interés, se unen no obstante todos juntos hasta la muerte, para hacer la guerra bajo el estandarte y la dirección del demonio.
 
Y por Vos, Dios soberano, aunque en serviros hay tanta gloria, tanta dulzura y provecho, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestras banderas? ¿Ningún San Miguel gritará de en medio de sus hermanos por el celo de vuestra gloria. Quis ut Deus? ¿Quién como Dios? ¡Ah, permitidme ir gritando por todas partes: ¡Fuego, fuego, fuego! ¡Socorro, socorrro, socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡Fuego en las almas! ¡Fuego en el santuario! ¡Socorro que se asesina a nuestros hermanos! ¡Socorro, que se degolla a nuestros hijos! ¡Socorro, que se apuñala a nuestro padre!
 
El que sea del Señor que se junte conmigo: Que todos los buenos sacerdotes repartidos por el mundo cristiano, sea que actualmente se hallen combatiendo o que se hayan retirado de la pelea a los desiertos y soledades; que todos esos buenos sacerdotes vengan y se junten con nosotros; la unión hace la fuerza, para que formemos, bajo el estandarte de la Cruz, un ejército bien dispuesto en orden de batalla y bien disciplinado para acometer atacar en masa a los enemigos de Dios, que han tocado ya alarma: Bramaron, rechinaron, se amotinaron, son muchos.
 
Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo. El que habita en el cielo sonríe.
 
¡Álcese Dios y sus enemigos se dispersarán!
 
Señor, levantaos; ¿por qué parecéis dormir? Levantaos en vuestra omnipotencia, vuestra misericordia y vuestra justicia, para formaros una Compañía escogida de guardias reales, que guarden vuestra casa, defiendan vuestra gloria y salven vuestras almas, a fin de que no haya sino un rebaño y un pastor y que todos os rindan gloria en vuestro templo: En su templo un grito unánime: ¡Gloria! Amén.
 

 

lunes, 13 de junio de 2016

SAN ANTONIO "EL GUINDERO"



Milagrosa imagen de San Antonio de Padua,
conocida como "El Guindero".
Parroquia de Santa Cruz.
Foto: María Luz
 
Un día desde las riberas del Manzanares iba subiendo un rústico hasta el famoso castillo de Madrid. La cuesta de la Vega era un camino áspero de polvo y sol e hirsuto de silvestres malezas. Venía el rústico con un borriquillo - ejemplo de paciencia ante la dureza de la suerte- cargado de guindas que sazonaban su rojo zumo, como de vino generoso, junto al arroyo aprendiz de río. Harto el asno súbitamente de su destino y de su carga, dio con ella en el suelo, esparciendo las guindas, que representaban el sudor y la parva fortuna del rústico. Alzó los ojos hacia el cielo, mientras su boca purificada de oraciones pedía la ayuda taumatúrgica de San Antonio, de quien era devoto. La plegaria es un mensaje del alma que llega a su destino por ignotos y radiantes caminos...
 
Cuando acabó de orar halló a su lado un frailecito que, con paciencia y alegría (que es como cunde el trabajo), le ayudó a recoger las guindas sin perder una, y todas intactas en su madurez perfumada. Muy agradecido el rústico, le ofreció una cesta escogida si le hacía la merced de darle las señas de su convento.
 
-"Llevadlas a la iglesia de San Nicolás".
 
Y el fraile -una sonrisa clara bajo el capuz sombrío- se alejó por las enmarañadas malezas. Los ojos puros del rústico creyeron ver un reguero de luz en pos de su sandalia andariega y humilde.
 
Al día siguiente fue a la iglesia de San Nicolás -cuyos muros aún están en una rinconada madrileña donde el tiempo se ha dormido-, y el rústico, maravillado, no halló más fraile que uno que estaba pintado en un cuadro, en el que reconoció al que le ayudara a recoger las guindas.
 
Este es el amable milagro de San Antonio, que una tradición antigua y poco conocida llama "El Guindero".
 
(Emilio Carrere)
 
¡¡FELIZ DÍA DE SAN ANTONIO!!
 
 


viernes, 10 de junio de 2016

¿POR QUÉ EXISTE EL MAL EN EL MUNDO?


La respuesta a esta pregunta nos la ofrece San Pío de Pietrelcina a través de esta clara explicación:
 
Una madre está bordando. Su hijo, sentado en un pequeño taburete, contempla su trabajo pero al revés. Ve los nudos del bordado, los hilos revueltos. Y dice: "Mamá ¿se puede saber qué haces? ¡Se ve poco claro tu trabajo!". Entonces la madre baja el bastidor y enseña la parte buena del bordado. Cada color está en su sitio y la variedad de los hilos se ajusta a la armonía del dibujo. ¡Eso es! Nosotros vemos el reverso del bordado; estamos sentados en un taburete bajo.
 
 (San Pío de Pietrelcina)
 


miércoles, 8 de junio de 2016

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL


En la mañana del 13 de octubre de 1884, el Papa León XIII había concelebrado misa, como era habitual en él. Al final de la misma, se arrodilló unos minutos, levantó la cabeza y clavó su mirada en un punto fijo de la nuca del otro celebrante. Su gesto cambió al instante, no pudo parpadear, su rostro era presa del espanto y se tornó pálido. Una vez recobrado, se levantó, se dirigió a su despacho privado y allí se encerró.
 
Una media hora después llamó a su secretario y le entregó una nota escrita de su puño y letra, ordenando que se imprimiera y se repartiera a todos los obispos de la tierra.
 
Se trataba de la Oración a San Miguel Arcángel, que a partir de ese momento y durante muchos años se rezó tras finalizar la Santa Misa.
 
Pero ¿qué fue lo que le impulsó a escribir esa oración? Él mismo lo desvelaría:
 
"¡Oh, qué imágenes tan terribles he visto y qué gritos tan insoportables he oído! Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias y sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que podía destruir la Iglesia y llevar a todos al infierno si se le daba el suficiente tiempo y poder: le bastaban cien años para pervertir al mundo como nunca antes había podido hacerlo."
 
Desafortunadamente la orden del Papa León XIII de rezar la mencionada oración se mantuvo en práctica hasta el Concilio Vaticano II, aunque en algunos lugares se siga recitando, recordando el consejo del Papa Juan Pablo II, que recomendó vivamente a los fieles que la rezaran todos los días sin excepción.
 
San Miguel Arcángel
Papa León XIII

 
Sigamos el sabio consejo y recemos cada día esta oración:
 
Arcángel San Miguel,
defiéndenos en la batalla,
sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio.
¡Reprímale Dios, pedimos suplicantes!
Y tú, Príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con el divino poder a Satanás
y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.
 
San Miguel Arcángel
 
"Hubo una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles peleaban contra el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles, y no pudieron triunfar, ni fue hallado su lugar en el cielo. Fue arrojado el dragón, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás, y extravía a toda la redondez de la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados." (Ap 12, 7-9)
 
 
SAN MIGUEL ARCÁNGEL, RUEGA POR NOSOTROS.

 

ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES

 
 
¡Augusta Reina de los cielos y maestra de los Ángeles!
Vos que habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás,
os pedimos humildemente, enviéis las legiones celestiales para que,  bajo vuestras órdenes,
persigan a los demonios, los combatan en todas partes,
repriman su audacia y los rechacen al abismo.
¿Quién como Dios?
¡Oh buena y cariñosa Madre!
Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza.
¡Oh divina Madre!,
enviad los Santos Ángeles para defendernos
y rechazar muy lejos de nosotros al cruel enemigo.
Santos Ángeles y Arcángeles,
defendednos y guardadnos.
 
 

(Esta oración fue dictada por la Santísima Virgen al Padre Cestac, fundador de la Congregación de las Siervas de María, en Anglet.) 

martes, 7 de junio de 2016

SANTO TOMAS MORO Y LA AGONIA DE CRISTO

Siempre he sentido gran admiración por la figura de SANTO TOMAS MORO, pensador, jurista, escritor, humanista, teólogo, un hombre culto y bien formado donde los haya, el más cumplido, prudente y sabio  de los caballeros,  que destacó en la Historia por ser hombre de confianza del rey Enrique VIII de Inglaterra, que le encargó diversas misiones diplomáticas, destacando siempre por su tacto y buen hacer, lo que le llevaría a convertirse en Lord Canciller.
 
Tomás Moro - (obra de Hans Holbein el Joven)
 
Católico devoto, fiel a sus valores y principios, se opuso desde el primer momento a la pretensión del Rey de anular su matrimonio con la reina Catalina (Catalina de Aragón), para casarse con Ana Bolena. Participaba de la gran admiración que el pueblo inglés demostraba hacia la reina, y como fiel católico, consideraba que sólo el Papa podía dirimir la cuestión del matrimonio del rey. La boda del rey con Ana Bolena despertó el descontento del pueblo, que sólo aceptaba a Catalina como auténtica reina.
 
La historia es ya bien sabida, el rey, enfurecido con la negativa del Papa al reconocimiento de su boda con Ana Bolena,  hizo que el Parlamento votara la ley titulada Acta de Sucesión, en la que se reconocía a Ana como reina y a sus posibles hijos como herederos del trono. Así mismo, a través del Acta de Supremacía, se reconocía al rey como suprema cabeza de la Iglesia de Inglaterra con poder sobre laicos y clérigos.
 
Ante semejante desatino, Tomás Moro presentó su dimisión al rey por motivos de salud, lo cual era cierto, aunque su mayor dolor fuera ver la cercanía de la ruptura con la Iglesia de Roma. La decisión de Tomás Moro fue admirada en la Corte ya que el canciller salió de su cargo más pobre de lo que entró, lo cual le llevó a despedir a gran parte de su servidumbre y vender bienes para poder mantenerse. Se retiró para dedicarse al estudio y la meditación.
 
Fue entonces requerido para prestar juramento al Acta de Sucesión, a lo cual estaban obligados todos los ciudadanos. Presintiendo Tomás Moro las dificultades que se le avecinaban, después de confesar y comulgar, se despidió de su familia sabiendo que ya no volvería a verlos. Su talento como jurista, le llevó a emprender su defensa, argumentando que no tenía inconveniente en aceptar a los hijos de Ana Bolena como herederos al trono pues era competencia del rey escoger a sus sucesores, pero en la cuestión de la validez del matrimonio real, la autoridad no le competía a él.
 
Su negativa al juramento enfureció al Rey, que por ese motivo ordenó encarcelarlo en la Torre de Londres, en la que permaneció quince meses, tiempo que dedicó a la escritura de obras muy provechosas para el alma.
 
Fue juzgado por traición al rey, pero  siempre se mantuvo firme en su posición: Ningún príncipe temporal podía disponer sobre un asunto que únicamente era competencia de la sede de Roma, prerrogativa concedida por el mismo Señor Jesucristo tan sólo a San Pedro y a sus sucesores, los obispos de dicha sede. El tribunal declaró que, con estas palabras, quedaba demostrada su traición  y se le condenó a muerte.  En atención  a los servicios prestados al rey, éste dispuso que fuese decapitado, en lugar de ahorcado y troceado. Sus últimas palabras fueron de lealtad al rey, pero ante todo a Dios. Su ejecución tuvo lugar el 6 de julio de 1535.
 
Foto: María Luz
 
Como he citado, durante su prisión en la Torre de Londres, se dedicó a escribir, en concreto una obra titulada "LA AGONIA DE CRISTO", libro que leí por primera vez hace cinco años y al que regreso periódicamente.  Analizando cada instante transcurrido desde la oración de Jesús en el Huerto del los Olivos hasta su captura, el autor hace una reflexión de la actitud de Nuestro Señor en todos y cada uno de esos instantes, confrontándola con las actitudes de los apóstoles y de todos nosotros, pobres pecadores.  Durante su lectura es imposible para el lector olvidar las especiales circunstancias en que se encontraba su autor, viendo segura ante sí una muerte cercana, por ello el valor de sus reflexiones se incrementa todavía mucho más si cabe.
 
"El miedo a la muerte o a los tormentos, nada tiene de culpa, sino más bien de pena: es una aflicción de las que Cristo vino a padecer y no a escapar. Ni se ha de llamar cobardía al miedo y horror ante los suplicios. Sin embargo, huir por miedo a la tortura o a la misma muerte es una situación en la que es necesario luchar, o también, abandonar toda esperanza de victoria y entregarse al enemigo, esto, sin duda, es un crimen grave en la disciplina militar. Por lo demás, no importa cuán perturbado y estremecido por el miedo esté el ánimo de un soldado; si a pesar de todo avanza cuando lo manda el capitán, y marcha y lucha y vence al enemigo, ningún motivo tiene para temer que aquel su primer miedo pueda disminuir el premio. De hecho, debería recibir incluso mayor alabanza, puesto que hubo de superar no sólo al ejército enemigo, sino también su propio temor; y esto último, con frecuencia, es más difícil de vencer que el mismo enemigo."
 
"Si alguien rehusara seguir a Cristo en el camino hacia la muerte cuando el caso lo requiere, no sólo no evita la muerte, sino que viene a caer en una mucho peor. Quien da su vida, no la pierde, sino que la cambia por una vida más plena, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierde su vida por mí la encontrará. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿Qué podrá dar entonces para rescatarla?"
 
"El cuerpo es como el vestido del alma; en un sentido, se pone el alma su cuerpo al entrar en el mundo y se separa de él al dejar este mundo y morir. Así como los vestidos valen mucho menos que el cuerpo, así el alma es mucho más preciosa que el cuerpo. Tan loco de atar estaría quien diera su alma para salvar la vida corporal como quien optara por perder el cuerpo y la vida antes que perder el manto...Para evitar caer en pecado hemos de arrojar no sólo la túnica o la camisa o cualquier otro vestido del cuerpo, sino hasta el mismo cuerpo, que es el vestido del alma. Si al pecar pretendemos salvar el cuerpo, en realidad, lo perdemos, y con él perdemos también nuestra alma."
 
...Palabra de Santo...
 
 
Tomás Moro fue beatificado por el Papa León XIII en 1886.
Fue canonizado en 1935 por el Papa Pío XI, y proclamado Santo Patrón de políticos y gobernantes por el Papa Juan Pablo II.

Su historia fue llevada al cine a través de la película "Un hombre para la eternidad"