viernes, 28 de agosto de 2015

PERDONAR A NUESTROS ENEMIGOS



Hace tiempo, leí un artículo muy interesante sobre el perdón, publicado en la Revista Tierra Santa (Mayo-Junio 2012), cuyo autor es ARIEL ALVAREZ VALDES, del cual, reproduzco a continuación un resumen que considero muy interesante:

Promediaba ya la vida pública de Jesús cuando una tarde, mientras les enseñaba a sus discípulos en Cafarnaún, Pedro le preguntó: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?" (Mt 18,21) Jesús le respondió de un modo inesperado y sorprendente: "No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete." (Mt 18,22).
"Cristo y la mujer adúltera" - Rembrandt
 
Lo que Jesús quiso decir con esta frase simbólica es que debemos perdonar SIEMPRE, sin poner límites. Que el perdón no debe ser una excepción, o un favor que le hacemos a alguien, sino una actitud o disposición habitual de nuestra vida.

Varias veces enseñó Jesús a sus discípulos que debían perdonar. Y para que no olvidaran esta obligación la dejó inmortalizada en el Padrenuestro, cuando enseñó a pedirle a Dios: "Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden." (Lc 11,4) "Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial los perdonará a ustedes; pero si no perdonan a los hombres, tampoco el Padre perdonará las ofensas de ustedes." (Mt 6, 14-15).

Sin embargo, y a pesar del énfasis que Jesús puso en este mandato, pocas cosas hay que le cueste tanto a los cristianos como perdonar. Y eso se debe a que tienen una idea equivocada sobre el perdón.

PRIMER ERROR: Consiste en creer que cuando uno perdona le hace un favor a su enemigo. En realidad cuando uno perdona se hace un favor a sí mismo. La experiencia nos enseña que cuando tenemos un resentimiento hacia otra persona, somos nosotros los únicos perjudicados, los únicos que sufrimos, y ello nos causa daño, pasando noches sin dormir, envenenando nuestra mente, mientras tanto nuestro enemigo está en paz y no se entera de nada. Es indudable que nuestro enemigo estaría feliz si se enterara del daño que su recuerdo provoca en nosotros. El que perdona gana, no pierde.
 
SEGUNDO ERROR: Consiste en creer que perdonar significa justificar. Que perdonar es una forma de comprender la actitud del otro, de decir "aquí no ha pasado nada". No es así, a veces es mucho y muy serio lo que ha pasado. Pero si a pesar de ello uno perdona, no es porque cierre los ojos ante lo sucedido. Cuando a Jesús le presentaron a la mujer adúltera, Jesús la perdonó. Pero no justificó su mala conducta. Al contrario. La despidió aconsejándole: "Vete, y de ahora en adelante no pequés más." (Jn 8, 3-11).  Cuando uno perdona, reconoce que el otro ha obrado mal, pero aun así, decide perdonarlo para preservar su propio bienestar interior. Perdonar no es disculpar. No es liberar de culpa al otro, sino que es asumir una higiénica actitud de vida.

TERCER ERROR: Consiste en creer que perdonar implicar olvidar. No es así. Jesús nunca pidió a los cristianos que olvidaran las ofensas recibidas. Y ello por una razón muy simple: el olvidar o no algo depende de la memoria que uno tenga. Y la memoria es una facultad que no depende de nuestra voluntad. La experiencia nos demuestra que a veces uno quisiera recordar algo y no puede; y otras veces desearía olvidar ciertas cosas y no lo logra. Por tanto, si alguien tiene buena memoria, recordará siempre las cosas que le sucedieron, especialmente si fueron desagradables, pues el recuerdo de un hecho depende de su carga afectiva; y los hechos desagradables tienen una gran carga de emotividad, por lo que se fijan más en el recuerdo. Por tanto, no podemos imponer el olvido a la voluntad. El hecho de que perdonemos, no significa que olvidemos...A veces incluso conviene no olvidar, para evitar volver a ser herido. Porque quien perdona y olvida, olvida lo que perdona.

CUARTO ERROR: Consiste en creer que perdonar significa volver forzosamente las cosas a como estaban antes del enojo. Que si uno perdonó a un amigo, debe devolverle la amistad; que si alguien perdonó a un empleado infiel, debe devolverle la confianza; que si uno perdonó a alguien con quien convivía, debe aceptarlo nuevamente con él. Eso no es necesariamente así. No siempre se puede devolver la confianza a quien nos defraudó, aun cuando se lo perdone. Más aún: a veces resulta una imprudencia restituir la confianza a quien nos ha engañado una vez. No obstante, lo puedo perdonar. El perdón no implica reponer sentimientos ni afectos; eso nunca lo ordenó Jesús. Tampoco el perdón impide que yo reclame la reparación de la injusticia cometida o el digno castigo que merece, siempre que yo no busque en ello la venganza personal, sino la justicia.

QUINTO Y ULTIMO ERROR: Consiste en creer que, para perdonar a alguien, tengo que esperar a que él se arrepienta y me pida perdón. Si así fuera, nuestra posibilidad de perdonar estaría condicionada por nuestro enemigo. Se perdona y basta. Debe aclararse en este punto que el perdón que da Dios y el perdón que dan los hombres son diferentes. Cuando Dios perdona, no lo hace para sanarse El sino para sanarnos a nosotros del pecado, por eso hace falta que estemos arrepentidos y pidamos perdón. Pero cuando el hombre perdona, lo hace para sanarse a sí mismo y librarse de las secuelas que le dejó la violencia vivida. Y para ello no hace falta que el otro se arrepienta. Basta con que uno quiera perdonar.

Perdonar es una decisión, y es una decisión personal.

¿Y cómo puede uno saber que ya ha perdonado? Cuando no se desea el mal al otro, cuando se ha renunciado a la venganza, y cuando uno es capaz de ayudar a su ofensor si lo ve pasar necesidad.

Perdonar es soltar una brasa encendida, que asimos en un momento de nuestra vida, y que nos lacera y nos quita las ganas de vivir. En cambio, la falta de perdón es capaz de enfermarnos y volvernos malos. Por eso, es muy acertado el consejo de San Agustín. "Si un hombre malo te ofende, perdónalo, para que no haya dos hombres malos."

 

domingo, 23 de agosto de 2015

EL PAPA BENEDICTO XVI: LA MUSICA SACRA

El papa emérito Benedicto XVI recibió el pasado día 4 de julio en Castel Gandolfo, un doctorado Honoris Causa de la Universidad Pontificia Juan Pablo II y de la Academia de Música de Cracovia.
 
 
El Papa Benedicto XVI practicando una de sus grandes pasiones: tocar el piano.
Foto: Google
 
 
El senado de la Academia de Música de Cracovia explicó su decisión indicando que el Pontífice emérito es un modelo de comportamiento moral y civil, acompañado de dimensiones religiosas y humanísticas profundas. En particular, subrayó el amor y la atención de Joseph Ratzinger por la música sacra y por su papel en la Liturgia.

Benedicto XVI en el mensaje agradecimiento indicó su alegría porque con esta distinción, "se vuelve aún más profundo mi relación con Polonia y Cracovia, la patria de nuestro gran santo Juan Pablo II". Y esto "porque sin él mi camino espiritual y teológico no es ni siquiera imaginable". Añadió que "con su ejemplo vivo nos ha mostrado como es posible" armonizar la gran música sacra con la participación común en la liturgia.

Así recordó cuando en su infancia asistía a las misas acompañadas por el coro y la orquesta, "como parte integrante de nuestra experiencia en la fe en la celebración de la liturgia". Y que cuando "resonaban las primeras notas de Mozart en la misa de la coronación, "el cielo casi se abría y experimentaba profundamente la presencia del Señor".
Indicó también que en la Constitución sobre la liturgia del Concilio Vaticano II se dejó por escrito "claramente" el deber de "conservar e incrementar con gran atención el patrimonio de la música sacra".

Y de las diversas problemáticas se plantearon, entre ellas si las misas para las grandes obras corales, deberían o no ser interpretadas en salas de concierto y o en la liturgia, donde habría espacio solamente para el canto y la oración de los fieles.

¿Pero entonces, cómo evitar así el empobrecimiento cultural de la Iglesia? Por ello Benedicto XVI plantea ¿qué es la música?, ¿de dónde viene y a qué lleva?

El primer dato, indica el papa emérito, es la experiencia del amor, que empuja al hombre a otra dimensión del ser, a expresarse de una manera nueva.

Un segundo origen de la música es la experiencia de la tristeza, al ser tocados por la muerte, el dolor, y los abismos de la existencia. Dimensiones que no pueden encontrar respuesta solamente en los discursos.

Y el tercer lugar del origen de la música es el encuentro con lo divino, que desde el inicio es parte de lo que define al ser humano.

En ningún otro ámbito cultural --asevera Benedicto XVI-- la música tiene la grandeza que en el ámbito de la fe. Con autores, "de Palestrina a Bach, a Hendel, hasta Mozart, Beethoven y Bruckner", se ve que "la música occidental es algo único, que no tiene igual en otras culturas. Esto nos debe hacer pensar".

Y si bien reconoce que "la música occidental supera ampliamente el ámbito religioso y eclesial", ésta tiene "su manantial más profundo en la liturgia, en el encuentro con Dios".

"La respuesta grande y pura de la música occidental se ha desarrollado en el encuentro con aquel Dios, que en la liturgia se vuelve presente hacia nosotros en Jesucristo. Esta música es para mi una demostración de la verdad del cristianismo". Porque "donde se desarrolla una respuesta así, se dio el encuentro con la verdad, con el verdadero creador del mundo."

El papa emérito concluye que por esto "la gran música sacra es una realidad de rango teológico y de significado permanente para la fe de toda la cristiandad".

Y al mismo tiempo es claro "que esta no puede desaparecer de la liturgia y que su presencia puede ser una manera muy especial de participación a la celebración sagrada, al misterio de la fe".

El papa emérito Ratzinger concluye indicando que si bien no conocemos el futuro de nuestra cultura y de la música sacra, hay una cosa clara: "donde se realiza en encuentro con el Dios viviente que en Cristo viene hacia nosotros, allí nace y crece nuevamente también la respuesta, cuya belleza proviene de la misma verdad".
 
 
FUENTE:  zenit.org

sábado, 1 de agosto de 2015

LOURDES 2015

He regresado a Lourdes, hace unos días, y ya tengo ganas de volver.
 
Aunque en esta ocasión, el viaje no fue como la seda, no importa, Lourdes te resarce de todo.
 
En cuanto puse el pie allí por tercera vez, supe una vez más, que había regresado a casa.
 
La Gruta de Massabielle.
Foto: María Luz
 
 
Foto: María Luz
 
 
Tiempo para rezar, tiempo para pensar, tiempo para callejear, tiempo para sumergirse en el ambiente cosmopolita de esta ciudad habitada durante días por personas llegadas de todo el mundo, tiempo para encontrar ángeles que hacen que todo sea más fácil...Tiempo para vivir celebraciones repetidas como si fueran la primera vez que una las presencia.
 
Tiempo para visitar nuevos museos, en esta ocasión el museo de Santa Bernadette, junto al recinto del santuario. Constituye un recorrido a través de la vida de la santa y del Lourdes de la época de las apariciones.

Imagen de Santa Bernadette en el exterior del museo.
Foto: María Luz
 
Museo de Santa Bernadette.
Foto: María Luz
 

Imagen piadosa realizada con flores de la Gruta.
Museo de Santa Bernadette.

Esta es la fuente original de la Gruta.
Museo de Santa Bernadette.

Cartas de Bernadette.
Museo de Santa Bernadette.


Un agradecimiento a la Santísima Virgen.
Museo de Santa Bernadette.
Fotos: María Luz
 
 Y el Museo de Cera, donde podemos disfrutar de la visión de los momentos más importantes en la vida de Bernadette Soubirous, así como de las escenas de la vida de Jesús, todo ello acompañado de luz y sonido.
 
Bernadette junto al Abad Peyramale, párroco de Lourdes.
Museo de Cera.
Foto: María Luz
 
La entrada de Jesús en Jerusalén - Museo de Cera.
Foto: María Luz
 
 
La última cena - Museo de Cera
Foto: María Luz
 
 
Vista de Lourdes desde lo alto del Museo de Cera.
Foto: María Luz
 
 
Y si quiero destacar un momento de esta tercera estancia, no hay duda, mi asistencia por tercera vez a la procesión de las velas, pero esta vez desde el mirador de la basílica superior. Toda una bellísima experiencia en la que se aprecia como la noche va cayendo, como la explanada se llena de gente portando sus velas y como todos rezamos el Santo Rosario participando de una celebración emocionante, en la que se alternan el rezo y los bellísimos cantos de Lourdes. ¡Qué pena que las fotos no tengan sonido!
 
 
 

 
Fotos: María Luz
 
 
Lourdes es un trocito de Cielo en la Tierra. Trataremos de hacer todos los méritos posibles, para ser buenos cristianos, pero también para ser bendecidos con la dicha de regresar pronto a Lourdes.
 
Vista del Santuario a través de los árboles.
Foto: María Luz
 
 
¡HASTA PRONTO LOURDES!