domingo, 12 de noviembre de 2017

FIESTA DE SANTA MARÍA LA REAL DE LA ALMUDENA 2017

Esta pobre esclava de María, que aquí escribe, se siente extraordinariamente feliz y agradecida tras haber participado, el pasado día 9 de noviembre, en la festividad de Nuestra Señora de la Almudena, patrona de la villa de Madrid. El motivo radica en la alegría que siempre supone festejar a Nuestra Madre, pero debo reconocer que fue una jornada doblemente especial para mí, pues es la primera vez en que he tenido oportunidad de asistir a la celebración de la Santa Misa en la Plaza Mayor y a la posterior procesión, todo ello en calidad de humilde Esclava de Nuestra Señora, como Terciaria de los Heraldos del Evangelio y en la grata compañía de los integrantes de mi familia espiritual.

Cuando no era seguro que pudiera asistir, Nuestra Señora me hizo el regalo de poder estar presente en Su fiesta, obsequiándonos a todos los presentes con una mañana fría en temperatura pero intensamente soleada en el cielo madrileño y calurosa en los corazones de todos sus fieles devotos.

 
Entrando en la Plaza Mayor, mientras caminaba sobre sus adoquinado, elevé la mirada y pude contemplar la entrada  de Nuestra Señora, momento aprovechado para dirigirle mi plegaria desde lo más hondo de mi corazón. Antes del inicio de la Santa Misa, nos unimos todos en oración con esa bella plegaria escrita por San Bernardo, en la que se nos invita a contemplar a María y a recurrir a Ella en todas nuestras necesidades, con la seguridad de que seremos bien atendidos.

 
 
 
 
 

 
 
 
Junto al cardenal arzobispo de Madrid concelebraron el arzobispo emérito de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela; el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini; el arzobispo castrense, monseñor Juan del Río; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino; el obispo auxiliar de Getafe, monseñor José Rico Pavés; los vicarios generales de Madrid, Getafe y Alcalá; vicarios episcopales y numerosos presbíteros.

 
Su Eminencia el Cardenal Carlos Osoro, en sus primeras palabras, recordó el hecho histórico del descubrimiento de la imagen de Nuestra Patrona en la muralla de Madrid, cuando corría el año 1085, durante la conquista de la ciudad por el rey Alfonso VI,  hecho que "fue el hallazgo consolador y gozoso que permitió a Sus Hijos reemprender el camino de su futuro, libres para creer en Jesucristo". Tras la primera lectura, escuchamos un cántico tomado del Libro de Judit: "Tú eres el orgullo de nuestra raza", aplicado a la Santísima Virgen.

 
 
 
 
 
Una vez proclamado el Santo Evangelio, el Cardenal Osoro pronunció una bella homilía reiterando lo mencionado en el anterior cántico: "Santa María, Madre de Dios, es verdad, Tú eres el orgullo de nuestra humanidad"..."Todos los hombres, de cualquier raza y cultura y en cualquier lugar, saben que Jesucristo nos entregó a Su Madre como Madre nuestra. Gracias a Ella, pudimos ver el rostro de Dios que se hizo Hombre. María nos sitúa en la realidad, pero ¿qué es la realidad? Ciertamente, es mucho más que los bienes materiales, mucho más que los problemas sociales, políticos y culturales; la realidad fundante y decisiva es Dios. Excluyendo a Dios, la realidad se falsifica"..."Es un Dios con rostro humano, el Dios del amor hasta la Cruz. Es quien nos dijo que somos hijos de Dios y, por tanto, hermanos de todos los hombres"..."La Virgen María es la imagen más bella de la Iglesia, teniendo ésta una tarea trascendental: dar rostro a Dios en esta humanidad". Nuestro Cardenal nos propuso en su homilía que acojamos la propuesta que Nuestro Señor nos ha hecho a través de Ella:
  • Fijémonos en la mirada de María, mirando siempre a Dios. Es una mirada que alcanza a todos, a toda la realidad y que actúa a favor de todos.
  • Fijémonos en la mano derecha de María, que abraza los pies de Jesús. De la misma manera, abraza nuestros pies para que caminemos, para que estemos con todos los hombres, como hizo Nuestro Señor.
  • Fijemos nuestra atención el mano izquierda de María, que toca el corazón de Jesús, invitándonos a que nuestro corazón palpite junto al de Cristo, como lo hizo Ella.
"Santa María de la Almudena, danos Tu mirada, abraza nuestros pies y toca nuestro corazón. Haz que los que creemos en Tu Hijo, caminemos como Él".
 
Tras la finalización de la Santa Misa, fue tiempo de iniciar nuestro camino a través de las calles Sal, Mayor y Bailén, acompañados por los cánticos y los bailes tradicionales de la región madrileña y de otros lugares de nuestra nación, abriendo paso a Nuestra Señora, a quien esperaban con impaciencia todos los madrileños, hasta concluir nuestro recorrido en la explanada de la Catedral para esperar la llegada de Nuestra Señora.
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
 
 



 
 

 
 
Al aparecer en la lejanía, todos dirigimos nuestras miradas hacia Ella, contemplándola bellamente ataviada con un manto del siglo XVIII, tejido en plata, que perteneció a la Infanta Carlota Joaquina, quien fue hija del rey Carlos IV de España, reina consorte de Portugal y madre del primer emperador de Brasil, y un precioso velo del siglo XIX. Así fue como llegó Nuestra Señora sobre su carroza, acompañada por las oraciones y aplausos de todos los presentes.
 
 
 
 
 
 
 
Tras las palabras y la bendición impartida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, todos entonamos el Himno dedicado a Nuestra Señora de la Almudena, siendo también honrada con el canto de una hermosa jota aragonesa que a todos nos llenó de alegría aun cuando algunos no seamos originarios de esa bendita tierra, y con el Himno Nacional de España, coronando así una jornada que sin duda permanecerá para siempre entre mis más gratos recuerdos.
 
¡Madre, gracias por protegernos bajo Tu manto!
 
 
Fotos:
Don Eric Fco. Salas
Archidiócesis de Madrid.
 


miércoles, 1 de noviembre de 2017

SON TRES LOS QUE SE CASAN

Debo admitir que soy una afortunada por haber tenido la dicha de criarme en un hogar junto a un padre y a una madre que formaron un matrimonio ejemplar, haciendo gala de mutuo entendimiento, amor y armonía. Cierto es que pertenecieron a una generación en la que las miserias del mundo moderno todavía no habían enraizado con la fuerza en que lo han hecho en la actualidad, no obstante, el verdadero amor no es fruto de historias románticas sino de algo mucho más profundo y verdadero.
 
Atravesando los desórdenes de la época de los años ochenta y noventa, fruto de los males de los años sesenta y setenta, mi mente percibía en el entorno social comportamientos que dejaban mucho que desear, que eran toda una muestra de falta de seriedad e irresponsabilidad y que me mostraban claramente que sería prácticamente imposible para mí, reproducir la estable vida familiar que mis padres habían forjado.
 
Como la pieza del puzzle que nunca termina de encajar, contemplaba absorta la manera en que las personas de mi generación saltaban de una historia sentimental a otra con una rapidez pasmosa, con la misma facilidad que la bola de una ruleta salta de un número a otro cuando aquella gira sin cesar. Todo había quedado claro para mí: vivíamos en un mundo en el que los sentimientos eran pisoteados y las personas eran utilizadas como meros objetos de satisfacción personal.
 
Por desgracia, esos comportamientos desordenados, fruto de la caída estrepitosa de los valores tradicionales, han crecido hasta límites que nuestros padres jamás habrían podido imaginar. Y, por si ello fuera poco, las legislaciones se han aliado en un atentado perpetuo contra la institución familiar.
 
Llegados a este punto, la lectura reciente de un libro titulado "Son tres los que se casan" ha expuesto ante mis ojos la realidad del verdadero amor entre hombre y mujer, plasmada magistralmente por su autor, el Arzobispo Fulton Sheen.
 


La figura del Arzobispo estadounidense no me era del todo ajena. Acostumbrada a navegar por diversas webs católicas, sus frases y reflexiones siempre salían a mi encuentro, impresionándome gratamente por su claridad y rotundidad. Autor de cientos de artículos y de numerosos libros, destacó también como un excelente comunicador en los medios audiovisuales de su época. Su causa de beatificación continúa abierta tras el impulso que el Papa Benedicto XVI le otorgó al aprobar el Decreto por el que se reconocen sus virtudes heroicas.
 
Muy en consonancia con sus pensamientos, sentía unas ganas inmensas de emprender la lectura de sus obras, y entre las varias que esperan a ser leídas por mí, escogí comenzar por el libro que hoy traigo a mi blog, considerado un anticipo de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II. En el mismo, el autor hace gala de un estilo muy directo, muy profundo y de extraordinaria altura para explicar claramente los verdaderos fundamentos del auténtico, y por tanto, imperecedero amor.

En la época actual la palabra amor está completamente desvirtuada como consecuencia del egoísmo, el abuso de la libertad y la rebelión contra el Todopoderoso. Estos factores propician los deseos físicos incontrolados y la consideración de la persona como un mero instrumento de placer. "En este mundo apartado de Dios, resulta indiferente si el alma se salva o no, es más, incluso se niega que haya un alma que salvar. Se ha sustituido la relación cuerpo-alma-Dios por la tensión sexo-cuerpo, haciendo del sexo un dios". Antes de proseguir es necesario dejar sentada una idea fundamental para comprender toda la cuestión que nos ocupa: NO ES POSIBLE DAR EL CUERPO SIN DAR EL ALMA, PUES AMBOS SON INSEPARABLES. No nos engañemos, tan carente de sentido es restar importancia al sexo como reducir la persona o la relación amorosa al sexo. Cuerpo y alma son una unidad, y tan anticristiano es ser contrario al cuerpo como serlo al alma. El secreto está en el ritmo armonioso de ambos, que se concreta en el mandato divino: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". La atracción entre dos animales es fisiológica, pero la atracción entre dos seres humanos es, además de fisiológica, psicológica y espiritual. El espíritu humano tiene sed de infinito, y ese infinito es Dios. Cuando dentro de una unión matrimonial surge la infidelidad conyugal, tiene lugar la sustitución de un infinito por una sucesión de experiencias carnales finitas, dando lugar al vacío existencial y la frustración, pues buscar a Dios en un dios falso sólo puede convertir al ser humano en un espíritu deprimido. Nadie peca contra el amor sin herirse a sí mismo. Ningún ser humano puede dar lo que sólo Dios puede conceder. Prescindir de Dios conduce al amor carnal desprovisto de responsabilidades, convertido en un deseo ateo por ser ilegítimo. Esta es la razón por la cual erotismo y ateísmo van siempre de la mano.

Debemos afirmar con rotundidad que los verdaderos matrimonios son hechos en el Cielo. En espera de que se concrete, debemos custodiar nuestra pureza, pues es un don que sólo puede darse y recibirse una vez. La pureza es mucho más que una simple integridad física: es la firme resolución de no usar jamás el poder del sexo hasta que Dios ponga en nuestras vidas al marido o mujer para cumplir Su plan. Ese poder es un don otorgado por el Todopoderoso, y por tanto, su uso debe realizarse bajo la aprobación divina, pues está dirigido a cumplir sus designios creativos. Esta es la razón por la que se asocia el matrimonio con ritos religiosos. Esta es la forma en que cuerpo y alma no toman direcciones opuestas.
"El cuerpo es noble porque Dios se hizo hombre, tomando Su Cuerpo del cuerpo de una mujer... Es noble porque por él se comunican al alma los frutos de la Redención de Cristo... Es noble porque un día resucitará de entre los muertos".

Todo amor anhela la unidad, pero ésta debe lograrse a través de un vínculo capaz de proporcionarla: ese vínculo es el espíritu. Si la carne sirve como medio para la unidad es porque está ligada con un alma en un ser viviente. Todo amor es fruto de la bondad, del conocimiento y de la unidad espiritual, que se basa en un destino común, en la ayuda mutua, compartiendo las alegrías, penas, esfuerzos y sacrificios. El verdadero amor es tan fuerte que supera todas las dificultades y se enriquece por medio del sacrificio y del olvido de sí mismo, logrando que marido y mujer adoren conjuntamente a Dios.

El amor es cosa de tres, pues Dios está colocado entre el Yo y el , impidiendo que el Yo sea un egoísta y el un instrumento de placer. Hay un lazo exterior que los atrae, haciendo que el Yo y el se convierta en Nosotros. Sin Dios, falta el tercer elemento que mantenga unida a la pareja cuando surjan los problemas inherentes a la vida misma. "El amor es trino y uno porque es un reflejo del amor de Dios en Quien hay tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo". Esa unión de marido y mujer es el símbolo de la unión de Cristo y de Su Iglesia. Ambos juntos se dan a Dios y a Sus Santos Designios. Su amor crecerá con el paso del tiempo pues aman a ese Amor que es el Autor del suyo.  
 
El marido debe amar a su esposa y ésta debe estar sometida a su marido. He aquí una idea que suele ser mal interpretada en la actualidad. La unidad de esposo y esposa no implica absorción, ni aniquilamiento, ni destrucción, sino plenitud de uno en el otro. Sometimiento no implica servidumbre, pues la relación entre ambos debe ser igual a la de Cristo y Su Iglesia: Cristo es cabeza de la Iglesia, pero no la priva de libertad. El varón es la cabeza y la mujer es el corazón; la mujer no es la sirvienta, sino la compañera del hombre. Ambos deben ir a Dios, no uno después del otro, sino juntos.
 
Frente a la actitud actual en que se da toda la importancia a la atracción física y, como mucho, a la coincidencia de ideas, siempre he pensado que enamorarse debe ser algo mucho más sublime, algo que se origine en el encuentro entre dos almas, y no tan sólo entre personas de carne y hueso. Las almas primero se enamoran, luego se unen en la mente y finalmente, tras contraer Santo Matrimonio, efectúan la unión de la carne. Este es el auténtico orden sagrado que ha saltado por los aires desde hace muchas décadas con las nefastas consecuencias que están a la vista de todos. "Seamos una carne, ya que somos un alma". "En la posición cristiana, el amor carnal es un escalón hacia el Amor Divino, un arranque automático del motor de la familia".
 
"El acto del matrimonio es meritorio si uno lo cumple, sea por virtud o por justicia, para dar el débito al cónyuge, o por virtud de la religión, para que los hijos sean procreados para el culto de Dios". Los matrimonios que niegan deliberadamente el fruto de su amor, niegan la encarnación del amor y matan el amor mismo. Se convierten en dos seres aislados: una dualidad en lugar de una trinidad. "Todo amor termina en una Encarnación, incluso el de Dios". Los seres humanos poseen el íntimo deseo de participar en lo eterno, y como no lo pueden hacer en sí mismos, lo compensan continuando la vida en otro ser. De aquí se deriva el hecho de que la maternidad sea sagrada, pues Jesús también tuvo una madre. Cuando la mujer acepta la encarnación de su amor, recibe la dulce visita del Espíritu Santo. Ella será la madre no sólo de un cuerpo, sino de un alma. La paternidad tiene su prototipo en el Padre Eterno; la maternidad lo tiene en la Virgen María, ejemplo para todas las madres. Con el nacimiento de los hijos, se produce un nuevo paso en el que marido y mujer quedan liberados de egoísmos y poseerán mayor celo en el propio sacrificio. La dedicación de los padres y la obediencia por parte de los hijos son las dos principales virtudes de un hogar. La obediencia en el hogar es una referencia fundamental, y base de la obediencia de la nación. Si el mundo pierde su respeto por la autoridad, se debe a que antes lo perdió en el hogar.
 
Cuando Dios no bendice una unión con la llegada de los hijos, ello no implica que sea un fracaso, pues también hay trinidad cuando marido y mujer consideran su amor mirando hacia Dios. Ello queda reflejado en la resignación a Su Voluntad.
 
En medio de una sociedad hedonista, los seres humanos siguen anclados en el error de buscar el placer continuo y la eterna diversión, sin aceptar que la vida está repleta de altos y bajos, de momentos felices y otros difíciles, y negando el valor del sacrificio. En el amor cristiano, la otra persona es un don de Dios por quien el otro debe sacrificarse. Los momentos difíciles y amargos son pruebas enviadas por Dios para nuestra perfección espiritual. Al convertirse en una sola carne, cada cónyuge soportará al otro como a una cruz cuando surjan los problemas entre ellos. Ello brindará una ocasión única para la santificación propia, donde uno puede redimir al otro. Muchos matrimonios fracasan por la no disposición a hacer sacrificios. Amando al otro por amor a Cristo, se logra soportar mejor los sufrimientos, y supondrá un pequeño pago de la deuda contraída con Nuestro Señor. El sufrimiento, considerado como redentor, se transforma en alegría: la persona domina al sufrimiento, no el sufrimiento a la persona.
 
Cuando dos cónyuges se topan con los problemas en su relación y se sienten decepcionados, ofrecen la excusa de la incompatibilidad de caracteres, buscando en otro matrimonio lo que les faltó en el primero ¡Grave error! Lo único que logran es reproducir una situación similar, repitiendo los mismos errores. ¿Qué se puede esperar de personas que traicionan con tanta facilidad las promesas que formularon? No les importa caer en el deshonor con tal de satisfacer su ego, sin importar el pisotear a otra alma. Personas que actúan de ese modo, lo harán igualmente en cualquier otro ámbito. Se sentirán desligados de la nación, del deber de servir a su patria. "Los traidores al hogar de hoy serán los traidores a la nación de mañana". Si no son leales a un  hogar, tampoco lo serán a una bandera.
"Habrá fortaleza mientras una nación de familias sepa renunciar a lo mío por lo nuestro. Si el hombre no quiere tolerar los inconvenientes de una casa, no tolerará las tribulaciones de una emergencia nacional. Sólo puede salvarse una nación que reconoce el sudor, el trabajo y el sacrificio como aspectos normales de la vida, y esas virtudes se aprenden en el hogar".
Quienes piensan que pueden alcanzar la felicidad cambiando de compañero olvidan que el amor viene del cielo y que sólo trabajando para el cielo podrán hallar el amor que desean. La desilusión proviene de esperar de una criatura lo que únicamente Dios puedo otorgar. En lugar de buscar un nuevo amor, la solución radica en redescubrir al compañero, venciendo el egoísmo y fortaleciendo la voluntad. La felicidad radica precisamente en el sometimiento del ego y no en su satisfacción. En el amor egoísta, las cargas de los demás impiden la propia felicidad; en el amor cristiano, las cargas son oportunidades para servir. Cierto es que, en ocasiones, se plantean problemas muy duros y de extrema gravedad, generando circunstancias en las que es aconsejable una separación de los cónyuges, pero ello nunca da derecho a contraer un nuevo matrimonio.
 
Difícilmente se puede lograr un matrimonio hermoso dejándose imbuir por todas las miserias del mundo actual. Cada persona lleva en su corazón una imagen de todo aquello que ama: un ideal. Cuando ese ideal es elevado, la imagen de lo soñado es hermosa. De la misma manera, si el ideal del amor es elevado, la imagen del mismo será maravillosa y el matrimonio será hermoso.
 
Tal vez el mundo haya girado a tal velocidad que todo lo hermoso del pasado haya desaparecido, pero una fuerza tan poderosa como la del amor es un vivo reflejo de lo divino en lo humano. Estoy segura de que nunca es tarde para recuperar una visión tradicional de la vida que tantas cosas buenas logró entre nuestros antepasados. Hombres y mujeres somos diferentes, y está bien que así sea, para poder complementarnos. Si a ello añadiésemos la recuperación de los valores auténticamente cristianos, el resultado redundaría en beneficio de toda la sociedad. "El matrimonio cristiano es una oblación doble, ofrecida en dos cálices: uno llenado con virtud, pureza e inocencia, y el otro, con una dedicación intachable de sí mismo; la consagración inmortal del hombre a una mujer que es más débil que él, que hasta ayer le era desconocida y con quien hoy se siente contento de pasar el resto de la vida. Esas dos copas deben ser llenadas hasta el borde para que la unión sea santa y pueda ser bendecida por el Cielo".  La explicación del Arzobispo Fulton Sheen es tan hermosa, que poco más se puede añadir.
 
Con mutuo amor y mutua entrega, superando juntos las dificultades de la vida, se logra un amor absolutamente profundo e imperecedero, que es "el amor que se da en un solo corazón que une dos cuerpos formando una comunidad de intereses, pensamientos y deseos". En un amor armonioso, las mentes y las voluntades están absolutamente unidas, y el amor del uno por el otro es tan inmenso, que en realidad no hay dos corazones, sino uno, al modo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Y como nuestro destino está en la eternidad, llegará el día en que alguno de los dos parta de este mundo terrenal. Partida y muerte son trágicas para dos personas que se aman pues no son dos corazones los que se separan, sino un corazón que se parte en dos...Pero no será una despedida para siempre, sino un "hasta pronto", con la seguridad del reencuentro definitivo.
 
 "En la eternidad, el amor hará perdurar su éxtasis eterno.
En el Cielo habrá amor porque Dios es amor".
 
Desear un amor que nunca muera,
un amor más allá de ambos,
un amor conyugal empleado el uno para el otro,
con el fin de llegar a este amor perfecto
y dichoso que es Dios. 
 
 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

martes, 19 de septiembre de 2017

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE


 
Recordad, ¡oh Nuestra Señora de la Salette!, verdadera Madre de dolores,
las lágrimas que Vos derramasteis por mí en el Calvario.
Recordad también el continuo cuidado que Vos habéis tomado
para salvarme de la justicia divina,
y ved si, después de haber hecho tanto por vuestra hija,
podríais ahora abandonarla.
Animada por este consolador pensamiento,
vengo a postrarme a vuestros pies,
a pesar de mis infidelidades y mis ingratitudes.
No rechacéis mi oración, ¡oh Virgen Reconciliadora!,
convertidme, concededme la gracia de amar a Jesús por encima de todo,
y de consolaros a Vos a través de una vida santa,
para que un día pueda yo veros en el Cielo.
Así sea.
 
Fotos: Google
 

viernes, 8 de septiembre de 2017

EN LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA


Foto: María Luz
 
Hoy es la Natividad de la gloriosa Virgen María,
originaria de la estirpe de Abraham, de la tribu de Judá
y de la noble familia de David.
 
Hoy es la Natividad de la Santísima Virgen María,
cuya gloriosa vida honra a todas las Iglesias.
 
María nacida de estirpe real resplandece hoy:
y por sus plegarias pedimos, con toda la devoción de nuestra alma
y de nuestro corazón, ser ayudados.
 
Con el corazón y con el alma cantemos gloria a Cristo
en esta sagrada solemnidad de la excelsa Madre de Dios, María.
 
Con júbilo celebremos la Natividad de Santa María,
para que ella interceda por nosotros ante
Nuestro Señor Jesucristo.
 
Toda hermosa eres, oh María,
y no hay en Ti mancha de pecado original.
Tú eres la gloria de Jerusalén.
Tú eres la alegría de Israel.
Tú eres el honor de nuestro pueblo.
Tú, abogada de los pecadores.
Oh María, Virgen prudentísima,
Madre clementísima,
ruega por nosotros.
Intercede por nosotros ante Nuestro Señor Jesucristo.
 

viernes, 18 de agosto de 2017

LOURDES 2017

Un año más, llegados los días de mediados de agosto, cumplo con la tradición, ya instaurada en mi casa, de peregrinar a Lourdes para ofrecer mi pobre compañía a Nuestra Señora y para llenarme del ambiente piadoso del lugar.

Lourdes, vista del Santuario.
Foto: Google
 
Atravesando el maravilloso paisaje pirenaico, tierra de la cual no soy originaria y que amo como si lo fuera, voy fijándome en todo aquello que abarca mi vista, aprendiendo los nombres de los pueblecitos, contemplando sus plazas con sus monumentos a los caídos, y vislumbrando aquí y allá edificios significativos como sus iglesias e incluso un castillo que data del siglo XII, el Château d'Abère, situado en la localidad francesa de Asson.
 
 
Château d'Abère - Asson
Fotos: asson.fr - azai.hostzi.com
 
Tras la cena en el hotel, me dirijo al enclave que a todos atrae, la Gruta de Massabielle, para contemplar a Nuestra Señora y agradecerle Sus cuidados y la posibilidad de estar de nuevo ante Ella, en esa Lourdes que tanto quiero, y sin la cual me faltaría algo esencial a lo largo del resto del año.
 
En la Gruta se celebra la Santa Misa a las once de la noche, para dar paso a continuación a la Adoración al Santísimo Sacramento, momento de gran silencio y emoción, tras el cual, se nos invita a acercarnos a la Gruta y tocar la roca sin límite de tiempo, lo cual nos permite a los presentes avanzar o retroceder a nuestro antojo, sin restricción y sin prisas. Es una experiencia hermosa que todos los peregrinos agradecemos, especialmente cuando se produce, como en mi caso, estando recién llegada al lugar.
 
 
 
 
 
Fotos: María Luz
 
La mañana siguiente es otro momento muy esperado pues, tras madrugar más de lo habitual, me dirijo a las piscinas, para proceder a la inmersión en las frías aguas del manantial que Nuestra Señora hizo brotar y que ha sido fuente de gracias desde hace casi 160 años. He de decir que no es la primera vez que acudo a las piscinas, pero sí la primera en que he tenido que esperar mi turno junto a cientos de personas, lo cual constituye una buena experiencia porque otorga una sensación de ocasión compartida bajo una misma fe y esperanza. Tras sólo 40 minutos de espera, el ejército de voluntarias que nos recibe es la máxima expresión del encanto personal y de la acogida sonriente y fraterna. En mi caso, no podré olvidar a la señora Brigitte que, emocionada, me cuenta que ha visitado España y que ha peregrinado a Santiago de Compostela en cuatro ocasiones. Tras unos momentos de recogimiento para exponer mis intenciones a Nuestra Señora, me sumerjo en la más que fría, helada agua de la piscina, saliendo de allí con una sensación maravillosa, renovada y agradecida a la Santísima Virgen y a las voluntarias que con su cariño hacen de la experiencia algo inolvidable. El agua fría se evapora de nuestra piel en cuestión de segundos como algo milagroso, por ello, sin necesidad de toalla, procedemos a vestirnos, saliendo al exterior para proseguir con nuestra ruta.
 
Foto: María Luz
 
Interior de las piscinas.
Foto: Lourdes-france.org
 
A partir de ese momento mi tiempo de estancia en Lourdes es una sucesión de citas y trayectos que me permiten realizar mis compras piadosas, y recorrer los rincones y las calles de ese querido lugar en busca de nuevos enclaves por descubrir y visitar.
 
 
 


 
 
 
 
Fotos: María Luz
 
Muy agradecida por el hecho de que mi tiempo de espera en la piscina ha sido mucho más corto de lo esperado, me dirijo con calma, a través de la Rue de la Grotte, a visitar uno de los museos que estaban en mi lista desde hace tiempo: el Museo Christi. Se trata de un lugar encantador, muy atrayente para todos aquellos que, como yo, disfrutamos contemplando objetos antiguos, y mucho más si gran parte de esos objetos están relacionados con el aspecto piadoso propio del lugar.  El Museo surgió para recoger todo lo relacionado con las técnicas de Tipografía, Litografía y Cromolitografía, que conoció un desarrollo considerable en el siglo XIX, y de donde proviene precisamente la palabra "cromos" para hacer referencia a esas pequeñas imágenes de papel que todos hemos coleccionado siendo niños, y que siguen deleitando a los más pequeños y a los coleccionistas. Si bien, en su origen, se centraba únicamente en imágenes publicitarias y pedagógicas, han sido sus actuales propietarios quienes lo han complementado con una extensa y maravillosa colección de imágenes religiosas, las tradicionales estampas y láminas religiosas antiguas, en su mayoría del siglo XIX, que saben transmitir como ningunas, una sensación muy especial, tierna y espiritual con sólo contemplarlas. A través de sus salas reunidas en dos plantas, nos adentramos en el túnel del tiempo, teniendo la sensación de recorrer las salas de una antigua casa, como si de nuestros antepasados se tratara, para adentrarnos en un paraíso piadoso encantador, contemplando estampitas religiosas, de Primera Comunión, de Confirmación, participaciones de bodas, escenas de la Historia Sagrada, todo ello acompañado de los instrumentos de impresión utilizados para su elaboración. En resumen, una visita recomendable para todos los amantes de las imágenes piadosas de tiempos pasados. Sirvan las siguientes fotografías como pequeñísimo ejemplo de lo mucho que puede contemplarse en su interior.
 
24, Rue de la Grotte
Foto: María Luz
 
Prensa litográfica (hacia 1850)

Fotos: María Luz
 
 
 
 
 

 


 

 



Mobiliario original de un aula del siglo XIX.
 





Fotos: María Luz
 
Tras esta visita cultural tan interesante, dispongo de tiempo para acudir a todas las celebraciones que constituyen, como siempre, cita obligada en torno a la Gruta y al Santuario, como son el rezo del Santo Rosario y el paso de la Gruta, en esta ocasión a media tarde, junto a los cientos de peregrinos que se encuentran en Lourdes en estos día de agosto. A resaltar este año la presencia de peregrinos procedentes de India, África y de Corea, junto a los procedentes de todas las regiones francesas para participar en la tradicional Peregrinación Nacional Francesa. Tras el paso de la Gruta, y el rezo del Santo Rosario, es momento de encender nuestras velas, ante las cuales tenemos unos instantes de oración. A la hora establecida, asisto a la Santa Misa en español en la Basílica de la Inmaculada Concepción, celebrada por Don Nicolás, sacerdote llegado de Huesca, en cuya homilía nos lanza un mensaje primordial: la necesidad de tener absoluta confianza en estos tiempos turbulentos en que todos los ámbitos se ven afectados de una forma u otra, incluida nuestra Santa Iglesia Católica, pero como bien expresó Don Nicolás "la barca de la Iglesia no puede naufragar pues Jesucristo está en ella, y esto nos garantiza la llegada a puerto seguro, y nos reafirma en nuestra confianza".
 


 
 
 
Momento de oración ante las reliquias de Santa Bernadette.
 
 
Imagen de Nuestra Señora en la Basílica de la Inmaculada Concepción.
 Fotos: María Luz
  
Otro momento vivido, durante mi estancia en Lourdes, que me gustaría destacar fue la Santa Misa en inglés celebrada en la Gruta a cargo de un grupo de peregrinos irlandeses. Durante la homilía, el joven sacerdote celebrante, recordando su época de estudio en Washington D.C. relató a los presentes su visita a uno de los museos de la capital norteamericana, en concreto al Museo Nacional de la Mujer en el Arte, destacando las representaciones de la Santísima Virgen María en la historia del arte. Durante esa visita, un monje benedictino le planteó la siguiente pregunta: "¿Por qué la Virgen María nunca aparece representada besando al Niño Jesús?" A primera vista parece difícil responder...Pero en realidad, es fácil, ello se debe a que "María no se encierra ni se pierde en Su amor a Jesús, sino que siempre aparece ofreciéndonos a Jesús. Nuestra Madre nos lo ofrece en un gesto de amor a todos Sus hijos"...Bonita reflexión.

Misa en la Gruta.
Foto: María Luz
 
Este escrito sobre mi estancia en Lourdes no puede concluir sin hacer referencia a uno de los momentos más especiales y bellos que presenciamos cada noche en la explanada del Santuario, la procesión de las antorchas. Es la quinta ocasión en que asisto a la misma y la tercera que puedo contemplarla desde lo alto, y la sensación que me produce es la misma de siempre, de absoluta maravilla ante esa visión nocturna de los peregrinos que caminan iluminados por la luz de las velas. Mientras rezamos el Santo Rosario, alternando entre misterio y misterio el canto del Ave María, rezamos en diversos idiomas pero unidos todos en una misma fe, volviendo a emocionarme irremediablemente como si fuera la primera vez que asisto a la misma.



 
Fotos: María Luz
 
Las últimas horas antes de la partida están dedicadas a agradecer a Nuestra Señora todos Sus cuidados, Sus favores, Su bondad, tiempo de recoger agua de su fuente, de recorrer la explanada y tiempo de regresar caminando al hotel, contemplando sus calles, sintiendo su bullicio y respirando su aire hasta la próxima ocasión en que pueda regresar.
 
Glorioso San José, sed Vos mi protector.
 
Árbol de las Maravillas.
 
 
San Juan María Vianney, rogad por nosotros.
 
 
¡¡Gracias Madre!!
Fotos: María Luz
 
El próximo año 2018 será un año señalado en el Santuario, pues supondrá la celebración del 160 aniversario de las Apariciones de Nuestra Señora en esta localidad francesa que forma parte de mí en lo más hondo de mi corazón. Hasta entonces, me despido de este piadoso y encantador enclave.
 
 
Lourdes me despidió con estas bonitas rosas silvestres.
Foto: María Luz
 
Lourdes, siempre me maravillas, siempre llenas mi alma y nunca dejas de asombrarme.
¡¡¡Hasta pronto si Dios quiere!!!